sábado, 30 de abril de 2016

Capítulo primero. Tras la sombra del pasado. Parte I. La huida.



El aviso acústico anunció que en breve el tren llegaría a la estación. Clara cogió sus cosas y las dejó sobre el asiento que tenía enfrente para tenerlas más a mano. No pudo evitar mirar de reojo y comparar sus cosas con las abultadas maletas con la de los demás pasajeros. Observó algo apesadumbrada, todo cuanto tenía de equipaje: Una bolsa raída de de deporte y una mochila.
Para aparentar un equipaje de fin de semana era perfecto, pero en realidad, ahí tenía todas sus pertenencias.
Un hombre trajeado caminó por el pasillo central y cruzaron las miradas. Sonrió a Clara levemente a modo de saludo y continuó su camino. Ella no respondió con ningún gesto y notó cómo el corazón se desbocó. Giró la cabeza para mirar por la ventanilla. Sus enormes ojos de color esmeralda, llamaban demasiado la atención. Se puso las gafas de sol y se mantuvo mirando el exterior para así, intentar desviar sus pensamientos pero fue algo imposible.
Las ideas se agolpaban en su cabeza sin orden y de modo caótico. El desconcierto y el miedo parecían ganar pulso y en cada tramo del viaje, le costaba cada vez más aparentar normalidad.
Cerró los ojos, inspiró y exhaló lentamente para concentrarse. Se volvió a serenar aunque tuvo que esforzarse para que ningún gesto involuntario la dejase en evidencia.
Cuando atravesó un túnel, ella pudo observar su imagen reflejada en el cristal. En su cara se podía adivinar el cansancio acumulado. Aunque no era para menos, habían pasado diez días completos en los que habían estado completamente sola. Alternando trenes y autobuses, durmiendo en campings o en el transporte de turno y siempre siguiendo fielmente las instrucciones que su primo Jesse le dejaba al finalizar cada etapa del viaje con escuetas misiva en las taquillas de las consignas.

Y en ese tiempo, no había podido entender con certeza lo que estaba ocurriendo. Tenía la sensación de que todo aquello era irreal y en cualquier momento despertaría, porque lo que estaba viviendo, lo había soñado tantas veces que lo consideró una utopía. 
Pero unos días antes, ella estaba en su instituto, en Barcelona. Su primo Jesse al que no veía desde hacía tres meses, apareció a la hora de descanso a buscarla. Pero en vez de llevarla a casa, se metieron en un taxi para ir a la estación de França, cerca del Paseo Colón. Una vez allí, la llevó en volandas a los andenes. Le entregó el equipaje y un billete ordenando que subiera al tren. Ella entró en pánico cuando su primo le dijo que no la acompañaría, que tendría que viajar sola. Tras un breve pero intenso abrazo le dijo. "Sigue las instrucciones de esta nota. Síguelas al pie de la letra. Ojalá hubiese tenido tiempo para prepararte, pero es ahora o nunca. Pronto nos veremos, te lo juro Pequeñaja".

Lo único que pudo deducir con total certeza es que habían huído y aunque eso debería alegrarle, la llenó de pavor. Porque no se puede abandonar a su tío Hugo así por las buenas, ni tampoco por mucho tiempo. Sus hombres, los Perros, siempre encuentran a los que buscan actuando sin fallos y contundencia.
Ella nunca había estado sola y sin vigilancia. No sabría qué hacer si la encontrasen o peor aún, si diesen con Jesse antes que se reencuentren. El corazón se alojó en su garganta e impidió que tragase saliva. Sintió el mismo miedo que tuvo cuando tenía que soportar las continuadas ausencias de su primo y ella se quedaba sola con su tío Hugo y sus hombres. La misma angustia que la mantuvo en constante pavor porque no tenía la certeza si Jesse volvería a casa por su propio pie o arrastrado por los Perros de su tío más muerto que vivo, después de haber recibido una brutal paliza.
Negó con la cabeza con un gesto casi imperceptible e intentó desviar esos recuerdos en otros más agradables, aunque de esos, apenas tenía dos o tres.

Notó cómo el tren iba desacelerando, se dirigió hacia la puerta más cercana. Cuanto antes bajase del tren, antes podría empezar un tramo del viaje que la estaba alejando de su vida anterior. Tenía el convencimiento que al fin sería libre para empezar una vida normal.
Durante el viaje, había imaginado y deseado hacer tantas cosas, que no sabía cual empezaría primero. 
Al fin el tren se detuvo por completo y abrió sus compuertas. Clara inspiró despacio y profundamente para así, controlar su emoción ante otra etapa finalizada del viaje. Se entretuvo acomodando la mochila en el hombro y esperó que los demás pasajeros copasen el andén para poder mezclarse con el bullicio. Eligió una pareja de mediana edad y caminó tras ellos lo suficientemente cerca para dar la impresión que viajaba acompañada.

Mientras subía por las escaleras mecánicas, observó todo a su alrededor tal y como Jesse le había enseñado, localizando todas las salidas posibles y pasando desapercibida sin llamar la atención ni hacer notar que era de fuera. Aunque ser invisible ante una multitud era su especialidad, una habilidad que perfeccionó toda su vida debido al pánico que Hugo le provocaba.
Una pareja de la Guardia Civil bajaba por las escaleras paralelas a las suyas. Clara giró la cara con naturalidad en dirección opuesta a la pareja de la Benemérita y preguntó la hora al transeúnte que tenía tras de sí. Cuando los dejó atrás, observó con disimulo y sintió un gran alivio al comprobar que los agente no se habían fijado en ella.

Paseó por las tiendas de la estación para estirar las piernas y despejarse un poco. Estaba cansada de estaciones pequeñas de pueblo cuyo único punto de venta y distracción consistía en un pequeño quiosco de prensa y chuchería, a veces ni eso. Entonces, tenia que esconderse en el baño o deambular por los alrededores mientras esperaba su transporte. Era lo único que había sacado de provecho tras tantos años viviendo atemorizada, aprendió a ser invisible y pasar totalmente desapercibida.
Tras distraerse unos veinte minutos en las tiendas, se dirigió hacia la consigna de la estación. Sacó de su bolsillo trasero una tarjeta de plástico con banda magnética y buscó la taquilla que correspondía a la misma. Leyó rápidamente las instrucciones de uso y abonó la cantidad que le indicó el panel luminoso. Comprobó con alivio que Jesse sólo le llevaba tres días de ventaja, eso la tranquilizó- Pero en vez de la habitual nota doblada en dos que Jesse dejaba para indicar su siguiente paso, en el interior de la taquilla había un sobre marrón acolchado de tamaño folio. Cogió el objeto mirándolo con extrañeza y salió de la consigna.
Se dirigió hacia la zona de restaurantes y eligió una mesa situada a la misma distancia del baño que de la salida directa a la calle. Tenía bastante hambre pero apenas le quedaba efectivo, así que se tuvo que conformar con un bocadillo y un refresco y esperó a estar servida para abrir el sobre.
Introdujo la mano en el interior y sacó el contenido de uno en uno: Un juego de llaves; otro sobre, éste de tamaño normal pero de contenido abultado y un folio doblado en dos.
La curiosidad quiso que abriese primero el sobre, se sobresaltó alarmada al ver el interior, había mucho dinero. Una mirada rápida le bastó para calcular que había más de dos mil euros en billetes de veinte, diez y cinco. Se apresuró a esconder el sobre en el fondo de su mochila y la aprisionó entre las piernas. Luego, desdobló el folio y una amplia sonrisa iluminó su rostro al reconocer la letra de Jesse.

"Peque.
Hola Pequeñaja, supongo que a estas alturas estarás más que agotada, pero créeme, era necesario. No podemos arriesgarnos a que cogieses un avión directo y el largo itinerario que preparé era, sobre todo, para borrar nuestros pasos. Seguramente te estarás preguntando por qué he escrito esta carta, siendo todos mis mensajes tan breves y concisos.
Te alegrará saber que el viaje ha terminado. Las llaves que te he dejado son de nuestra nueva casa, está todo dispuesto, no tendrás problemas. El dinero es para que te las arregles hasta mi llegada, pero se prudente, gasta sólo lo necesario para comer y poco más.
De acuerdo a la coartada que he diseñado, nos hemos matriculado en un instituto. Deberás ir el día dos de septiembre (si mis cálculos son correctos, debería ser al día siguiente de tu llegada aquí) para comprobar que estamos en la lista. La fecha coincide con el día límite para comprobar los resultados de los exámenes de recuperación, así que te aviso, el instituto será un hervidero.
Será el momento ideal para que te familiarices con la gente. Controla tus nervios, muéstrate natural y tranquila, recuerda que ya no tendrás ningún Perro de mi padre vigilando lo que haces. Así podrás empezar a aprender a relajarte.
Ten en cuenta en todo momento nuestra coartada (lo encontrarás en la casa, junto a más instrucciones) antes de salir de casa, memorízala hasta que no te falte ni una coma. Esto es muy importante: No cambies nada ni improvises porque podrías poner en compromiso nuestra tapadera.
Yo aún tardaré un poco más en llegar, he borrado nuestras huellas pero debo dejar pistas falsas para alejar a Hugo de nosotros. No será por mucho tiempo, te lo prometo, sé que te las arreglarás muy bien, confío en ti. Sé que pensarás que te estoy pidiendo mucho y estarás muy asustada, pero eres más fuerte de lo que imaginas, es hora que empieces a creer en ti.
En casa encontrarás una carpeta, ahí te dejo más instrucciones y un plano del barrio. Memorízalo también antes de ir a cualquier sitio.
Puedes salir de casa pero no te alejes mucho y procura no llamar demasiado la atención para que no se den cuenta que estás sola, pero tranquila, será sólo hasta que llegue. De todas formas, para estar más segura, aprovecha las hora de comer para entrar y salir, así apenas te cruzarás con alguien.
Coge un taxi, la dirección está al reverso de esta carta. Recuerda que debes hablar sin acento y ve adquiriendo el modo de hablar de la gente de aquí poco a poco, tal y como nos enseñaron desde pequeños. Si conoces a alguien, se natural pero siempre dentro de las pautas.
Cuídate, un beso. Jesse"

Clara se apresuró a terminar su almuerzo y salió a la calle. A pesar de llevar gafas oscuras, entrecerró los ojos ante la intensidad de la luz del Sol y usando su mano como visera, buscó la parada de taxis mientras respiraba un  aire denso y caliente. Era principios de septiembre en Sevilla y hacía calor, mucho calor.
Esperó su turno con relativa paciencia, cuando al fin dispuso de transporte, indicó la dirección al taxista dando las recomendaciones de itinerario que su primo le indicó en el reverso de la carta. Habló con naturalidad y sin acento, tal y como fue adoctrinada desde pequeña.

Miró con emoción e interés todo cuanto pasaba a su lado. Sus ojos se agrandaron al ver La Giralda al final de una avenida mientras el vehículo giraba. La había visto muchas veces en fotografías, pero verla in situ, era otra cosa. Se empezó a convencer de que le iba a gustar vivir en esa ciudad y se imaginó a sí misma caminando entre la gente tal y como los veía en aquel momento, caminando despreocupados y sin miedos o noches en blanco.
El taxi llegó a la dirección indicada, Clara se apeó con aparente tranquilidad a pesar que todo su interior temblaba de emoción.

La nueva residencia estaba en una urbanización privada y cerrada, cuyo acceso estaba restringido al tráfico rodado. Todo el perímetro estaba rodeado por un muro de ladrillos color terracota y destacando el acceso principal, un portalón de hierro blanco. Clara observó encantada el plano del recinto representado en un mosaico de cerámica pintado a mano. Según el mismo, su casa era la segunda tras pasar una glorieta central y cerca de un parque infantil.
Sacó del bolsillo el juego de llaves que Jesse le dejó. Miró la puerta peatonal, por la forma de la cerradura adivinó la llave a la primera, la introdujo haciéndola girar y sintiendo una sensación extraña al comprobar que ésta se abría.
Paseó sin prisas por la calle principal, saboreando el momento. Todas las casas eran iguales, con las fachadas de ladrillo visto y del mismo color que colinda el muro exterior. La calle principal y otras dos que la cruzaban, dividía  la urbanización en grupos de seis casas, donde pequeñas calles dejaban tres frente a tres. Al final de esas calles, había una baranda de hierro blanco del mismo diseño que el portalón principal para impedir el paso a la rampa que da acceso a los garajes subterráneos cuyo único modo de acceder era una carretera privada que rodeaba toda la urbanización por la parte externa de la misma. Seguramente, Jesse había tenido en cuenta esa urbanización por su distribución, las salidas estaban pensadas por si llegase el caso de tener un coche, podrían salir y entrar sin que nadie se percatase de sus movimientos.
Después de un breve paseo llegó a su destino, la casa número tres de la calle dos. Exacta a todas las demás, excepto el pequeño jardín delantero, donde cada propietario lo tenía decorado al gusto. Clara sintió cómo el corazón se le aceleraba por momentos, ese sería su hogar.
Al fin podrá empezar a vivir sin miedo y dejar atrás el infierno de su pasado. Caminó con paso indeciso hacia la entrada mirando con desconfianza a derredor e introdujo la llave.
El chasquido del cerrojo la sobresaltó, tenia el temor que cualquier ruido inesperado la despertase de aquel sueño, pero cando pasó el umbral y cerró la puerta tras de sí, comprobó que todo era auténtico y real.

Dejó su equipaje en el suelo del recibidor y comenzó a inspeccionar la casa, habitación por habitación. Tal y como había sido adoctrinada, debía reconocer la casa hasta el último rincón de tal modo que pudiese moverse por ella incluso en la más absoluta oscuridad.
El mobiliario era escaso pero suficiente y funcional. En la planta baja se encontraba la cocina, un aseo y un salón-comedor con chimenea que comunicaba con un jardín trasero. En el piso superior, encontró tres dormitorios de buen tamaño, uno de ellos con baño propio, Clara se apropió de este último cuya ventana daba al jardín trasero. al final del pasillo el cual terminaba con un ventanal, había otro baño completo. En el techo se adivinaba una puerta abatible donde seguramente haya un desván. La casa también disponía de sótano desde el cual, se podía acceder al garaje común. para las seis casas que formaba la manzana. Ella notó un ligero olor a pintura, puede que por costumbre, Jesse haya construido una especie habitación del pánico para poder esconderse en caso de emergencia, esa costumbre salvó literalmente la vida a su primo en más de una ocasión. Eso la desalentó bastante, no le atraía la idea de mantener las mismas normas de la Organización de la que han huido.
No vio nada sospechoso, puede que estuviese muy bien oculto o mejor aún, que no hubiera escondite alguno. Por último, fue al jardín que estaba dividido en tres zonas, una para comer, una zona ajardinada bastante descuidada y por último, una zona de baño donde destacaba una piscina de dos metros y medio por cinco. Clara sintió el deseo imperativo de darse un chapuzón, pero por temor a ser oída por algún vecino, deshizo la idea al instante. 
Recorrió toda la casa tres veces más, prestando especial atención en las salidas posibles, contabilizó tres además de la puerta principal. Una en el jardín trasero, otra en el garaje y por último por el ventanal del pasillo del piso superior donde se podía salir usando la celosía de madera que decoraba la pared lateral de la casa. Eso le hizo sentirse un poco más segura por si tuviese algún problema antes que Jesse llegase.
Era mucho más de lo que había imaginado y más de lo que estaba acostumbrada, siempre habían vivido acorde con la tapadera que tenían que asumir y que Hugo les impuso. 

Se sentó en el sofá con las piernas cruzadas y cogió la carpeta azul que había sobre la mesa del comedor para comenzar a memorizar todos los aspectos y detalles de la nueva identidad que Jesse había preparado para ellos.
Había oscurecido pero no tenía hambre porque habían sido demasiadas emociones por un día y aún sentía cosquilleos en el estómago por los sentimientos acumulados. Encendió el televisor para no sentirse tan sola. Echaba de menos a Jesse, sin él, se sentía indefensa y desprotegida. Cada vez que él desaparecía, ella no podía evitar pensar que no volvería a verle más.
Pero sabía que todo era distinto, porque sabia que estaba a salvo y todos los problemas se quedaron a cientos de kilómetros al igual que también sabía que está lejos de cualquier daño que le pudieran hacer. Además, Jesse vendría pronto, se lo había prometido y ya no tendría que dejarla sola nunca más y él siempre había cumplido todas las promesas que le hizo.
Se sintió mal consigo misma al reprocharle en silencio cuando él se marchaba y regresaba a casa días después, ebrio y sin dar explicaciones. Aunque ella tampoco le preguntó nada porque aprendió casi antes de hablar que cuanto menos supiese de lo que ocurre o hacen fuera, tanto su primo como su tío o los Perros, menos problemas tendrían u ocasionaría.

Todo lo vivido los días anteriores pasó factura a la adolescente. Después de unos minutos ante una pantalla que emitía una película que siquiera prestaba atención porque era incapaz de concentrarse, Clara se quedó dormida, sumida en un profundo y reparador sueño aunque acompañado de sus habituales pesadillas.


4 comentarios:

  1. estoy aquí, llegué Silvia, interconectándome a tu blog.
    Saludos

    EPEV

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    1. Muchas gracias, bienvenido.
      He solapado tu blog al mio y ya tienes una nueva seguidora allí.
      Bechoteeeeeeeeeeesss

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  2. Muchas gracias,el segundo capítulo está disponible en el blog.
    Bechoteeeeeeesss

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