martes, 24 de mayo de 2016

Capítulo segundo (3 de 3) Tras la sombra del pasado. Parte I La huida.

[...] La tarde pasó como un suspiro. Clara escuchaba con atención las historias y anecdotas de sus acompañantes, rió como nunca lo había hecho y se sintió como una más. Sus nuevos amigos consiguieron que olvidase durante unas horas, todos sus miedos y preocupaciones.
Poco a poco se fueron marchando hasta que sólo quedaron Clara y Fred. El camino de vuelta transcurrió con un silencio incómodo. Ninguno de los dos sabía qué decir hasta que llegaron frente a la casa de Clara. Entonces, Fred se armó de valor y preguntó lo que tenía en mente desde que salieron de la pizzería.
- Mañana iremos a casa de mis abuelos a pasar el fin de semana, es una especie de tradición, para despedir las vacaciones. Vamos todos, también Ana y así te la presento. ¿Por qué no te apuntas?
Clara contrajo los labios pensando en la respuesta. Quería ir, pero no sabía si debía. Una cosa era moverse por el barrio, pero no estaba segura si debía alejarse demasiado sin que Jesse haya llegado aún. Eso no estaba dentro de las instrucciones de su primo y aunque estuviese aquí, seguramente no la dejaría ir. Fred interpretó su mutismo como si ella buscase una excusa creíble y no disimuló su desilusión. Ella se apresuró a contestarle.
- Me encantaría ir, en serio. Pero por un lado tendría que pedirle permiso a mi primo y ya te adelanto que será un milagro que me dije ir. Es excesivamente protector, no te puedes imaginar cuánto. Y por otro lado, aunque me dejase, no sé si estaría bien que fuese. Me hace mucha ilusión créeme, pero me da apuro aparecer en casa de tus abuelos sin que me esperen.
- Por tu primo no puedo opinar. Puedes darle mi teléfono o el de mis abuelos para que se quede más tranquilo o si quieres, hablo yo con él. Soy un experto en bajar la barrera de la súper protección, seguro que tu primo no será tan desconfiado como el padre de Ana - Fred sonrió aliviado al no recibir una negativa rotunda -Y por mis abuelos no te preocupes, les encanta tener gente en casa. Mi abuela tiene complejo de cocinera de restaurante y es feliz cebándonos a todos, cuantos más seamos mejor. Siempre he ido con todo el grupo y a mis abuelos les encanta que les llenemos la casa. Prácticamente están todo el año a solas y ellos esperan nuestra llegada con impaciencia. Les caerás muy bien, te lo garantizo.
- Bueno, si consigo que me de permiso, iré. Me hace mucha ilusión. Pero te aviso que lo más seguro es que me diga que no.
- Está bien trato hecho. Hemos quedado en la puerta de la urbanización a las nueve y media. Te dejaré diez minutos de cortesía pero no puedo darte más tiempo porque perderíamos el autobús y los demás no me lo perdonarían. Si tienes permiso, pues ya sabes el punto de encuentro.
Alargaron la despedida hasta que comenzaron a sentirse incómodos se les acabaron los temas de conversación.

Cuando Clara entró en casa, espió a Fred por la mirilla, él hizo un par de intentos de llamar a su puerta pero se echó atrás, finalmente salió del jardín delantero y Clara le perdió de vista. Apoyó la espalda a la puerta y se dejó deslizar hasta sentarse en el suelo.
Repasó mentalmente todos los acontecimientos del día, estaba muy emocionada. Miró la hora y se incorporó sobresaltada al comprobar que faltaban diez minutos para hablar con su primo. Según las notas que él dejó en casa, Jesse estaba a punto de conectarse y aún no había creado la cuenta que él había dejado en las instrucciones. Se levantó y fue a su habitación para coger el portátil. Lo dejó sobre la cama y se tumbó bocabajo y comenzo la espera hasta que al fin recibió una petición de nuevo contacto. El nombre correspondiente, "Mary Poppins" era la consigna. Según sus instrucciones, se pondría en contacto con ese nombre. Nada más aceptar, se abrió una ventana de conversación de Skipe. Esperó a que él escribiese primero, si era él, debía escribir primero la población donde ella estuvo antes de estar en la actual.
- Jaen
-Hola primo, te hecho mucho de menos.
-Hola yo también a ti. ¿Cómo va todo? ¿Cómo te fue el viaje? ¿Te gustó la casa?
-Todo va muy bien. El viaje fue bastante largo y pesado, pero lo compensa nuestra nueva casa, es perfecta ¿Cuándo vendrás?
-Pronto, ya sabes las normas. Nada de direcciones, nombres ni fechas.
-¿Puedo activar la cámara o al menos los auriculares? Me gustaría verte u oírte.
-No, mejor que no. Estoy en un locutorio público. Es mejor que nadie vea que estoy hablando contigo.
-¿Te están siguiendo?
-No, tranquila, es sólo por preocupación. ¿Estás bien?
- Sí claro. ¿Sabes? Ya tengo amigos.
-Me alegro, pero ten cuidado y recuerda no cambiar ni una palabra de lo acordado.
- Tranquilo, he hecho todo lo que me has pedido al pie de la letra. Conté lo pactado y ha colado. ¿Te puedo pedir algo?
- Sabes que sí ¿De qué se trata?
- Se trata de mis nuevos amigos, me han invitado a pasar el fin de semana al campo, en casa de los abuelos de uno de ellos. ¿Puedo ir?
-¿Cuántos años tienen tus amigos?
- Mi edad más o menos, uno más, uno menos.
- No me hace mucha gracia Pequeñaja, aún no los conozco. Puede que no sea seguro y aún tardaré unos días en llegar.
- Pero jesse, me he llevado diez días viajando sola de un lugar a otro hasta llegar aquí. Creo que sé cuidarme sola, te lo he demostrado. He seguido tus instrucciones y nadie me ha seguido.
- Pero no es lo mismo Pequeñaja, entonces seguiste mis instrucciones paso a paso. ¿Qué pasaría si te interroga algún adulto y por los nervios te desmientes tú misma? Tú no están acostumbrada a relacionarse socialmente y podrías bloquearte.
- He memorizado nuestra coartada de tal modo que hasta casi me la creo yo. Es que no es justo. Quieres que tenga una vida normal y cuando tengo la oportunidad para hacerlo, me pones pegas. ¿Entonces tengo que esperar tu permiso para empezar a vivir?
-Bueno, bueno no te pongas así. Sabes a lo que nos arriesgamos. Toda precaución es poca. Recuerda que nuestra de discreción depende nuestra supervivencia. Y eso es literal.
- Soy consciente de ello. Pero me hace muchísima ilusión. Por favor, Jesse.
- Bueno, supongo que es mejor que quedarte sola en casa.
- ¿Me das permiso?
- Sí, puedes ir, pero ten mucho cuidado. Lleva dinero encima por si necesitas volver a casa rápidamente. En uno de los cajones de la cocina he dejado un móvil sin clave. En la agenda tienes memorizado el número por el que puedes localizarme. Úsalo sólo en caso de extrema urgencia y que nadie te lo vea.
- Gracias, gracias. Te prometo tener cuidado y no bajar la guardia. Te quiero mucho.
- Y yo a ti Pequeñaja. Disfruta, te lo mereces. Te tengo que dejar, va a cerrar el locutorio.
- ¿Hay algo más que tengas que decir?
- No, no tranquila. Pronto nos veremos. Cuídate y no olvides las pautas.
- Como siempre. Te esperaré impaciente y cuídate tú también. Un abrazo.

Clara esperó a que Jesse se desconectase para cerrar la sesión, seguidamente prosiguió a cancelar la cuenta.
No esperaba que le diese permiso para ir, se había preparado para lo contrario. Quiso ir a casa de Fred para avisarle, pero no lo vio conveniente. Podrían estar sus padres y sería mejor que no la viesen de momento. Aunque pensó que sería mejor así, porque le podría dar una sorpresa, estaba deseando vr su cara cuando la viese aparecer. Al fin las cosas empezaban a salir bien, estaba tan nerviosa que dudó si podría conciliar el sueño. Ella yendo de excursión con unos amigos ¿Quién se lo iba a decir? Y además, tenía que reconocer que Fred la ha impresionado considerablemente, cuando le vio en el instituto, le pareció un chico bastante formal y tranquilo y luego, cuando le pudo conocer mejor, se dio cuenta que en muchos aspectos eran bastante parecidos. Se sorprendió a sí misma lanzando un profundo suspiro.
Ahora sí estaba convencida  que iba a tener la vida que siempre quiso tener y esa vida, comenzará al día siguiente.


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