miércoles, 6 de agosto de 2014

Crónicas de Kal y Mor. (Borrador)

El corazón le latió con violencia, intentó escudriñar en la oscuridad para encontrar aquello que le había despertado tan repentinamente. Se convenció que podría haber sido una pesadilla y cerró los ojos intentando recordar qué había soñado.
-¡Luz, corre!- siseó Madre tras abrir la puerta con violencia.
Confusa, asustada y aún somnoliente, se vio arrancada de su cama y arrastrada al interior del armario. Intentó preguntar a Madre qué ocurría, pero la mirada de terror que reflejaba su mirada, la enmudeció.
- Oigas lo que oigas, no salgas hasta no escuchar nada ¿entendido?
- ¿P-pero q-qué ocurre Madre?- consiguió balbucear.
- No hay tiempo para explicar nada, ojalá lo hubiese hecho antes...- Madre giró la cabeza en dirección hacia un sonido que pareció solo oír ella - ¡Quédate aquí y obedece- sentenció.
Luz contrajo los labios para reprimir el temblor que precedía al llanto, asintió en silencio. Empezó a espabilarse y pensó que podría tratarse de algún ladrón que había entrado en casa. Antes que Madre cerrase la puerta del armario, pudo distinguir en la penumbra, un brillo en su mirada que pareció una despedida.
Agudizó el oído para seguir los pasos de Madre mientras bajaba la escalera de madera. El sonido se detuvo repentinamente tras un sonido sordo, parecido al de un cuerpo caer, después... silencio absoluto.

Agazapada en el fondo del armario, esperó casi conteniendo el aliento. Se mantuvo así hasta que las piernas se adormecieron. Con sigilo, se puso en pie y repartió el peso de su cuerpo de una pierna a otra, hasta que el desagradable cosquilleo desapareció por completo.
Todo continuaba en un silencio irreal y movida más por la preocupación que por la curiosidad, reunió el valor para salir del armario. La puerta de su dormitorio estaba entornada, con movimientos casi felinos, escudriñó por la apertura. Sintió la tentación de llamar a Madre, pero algo en su interior se lo impidió.
Comenzó a bajar las escaleras, tomando su tiempo por cada escalón y procurando que la vieja madera no crujiese. A la mitad, se agazapó y con la cara entre los barrotes tallados, intentó encontrar a Madre en el piso inferior. Confusa, frunció el ceño al ver un trozo de tela tirado frente a la puerta principal. Sin apartar la vista de aquella prenda, terminó de bajar las escaleras rápidamente pero con cautela. Ahí abajo, el ambiente estaba viciado, olía como agua estancada y moho. Se acuclilló y cogió con los dedos a modo de pinzas la tela y comprobó con asombro y miedo que se trataba del camisón de Madre parcialmente enterrado en una especie de ceniza gris.

El carillón del reloj marcó las cuatro. Sobresaltada, se irguió girando la vista en dirección del sonido...
Todo ocurrió en un instante aunque Luz lo vio lentamente como imágenes secuenciadas. Tras de sí, había un grupo de hombres ataviados con una especie de túnicas negras y sus rostros estaban parcialmente tapados con unas capuchas, solo pudo vislumbrar claramente, una sonrisa cínica frente a ella.
Desde atrás, alguien le tapó la cabeza, presumiblemente un saco, gritó desesperada mientras intentaba zafarse de unos fuertes brazos que la retenían. Tras sus gritos, pudo oír que pronunciaban unas palabras al unísono en un idioma que fue incapaz de distinguir. Comenzó a sentir vértigo, su conciencia entró en una oscuridad fría y ya no pudo oír ni sentir nada...