lunes, 9 de diciembre de 2013

Noche estival

El mar estaba en calma, las olas lamían la orilla con suavidad y su rumor nos envolvió en un silencio sosegado. Algunos mirábamos hacia el mar, ensimismados por el destello que el plenilunio provocaba en su superficie. Otros, mantenían la mirada fija en la fogata, relajados por el crujir de la leña.
El "Rubio" cogió su guitarra y acarició con descuido las cuerdas, cuando todas las miradas se centraron en él, esbozó una mueca a modo de sonrisa y comenzó a tocar la melodía de "Imagine", inmediatamente, todos comenzamos a ladear la cabeza al ritmo de la música susurrando la letra de aquella canción  que, se había convertido en el himno de aquel modo de vida que todos ansiábamos tener pero que ninguno se atrevía a prolongarlo más allá de la época estival... Paz, amor libre y un mundo fraternal carente de doctrinas e injusticias. 

Mientras cantábamos, íbamos dando caladas y pasando el pitillo. El "Rubio" aseguró que era de la mejor que había encontrado y debía ser verdad, porque pronto comenzamos a sentir que nuestras mentes se expandían y empezamos a reír por todo. Por las pecas de la "Loca", el peinado de la otra, el pedo que se había tirado el "Moreno", la guitarra del "Rubio"...
Hablando, fumando, debatiendo, bebiendo, riendo y meditando, llegamos a un nuevo tema de conversación:
"El amor libre"

Todos coincidíamos en lo mismo, rechazábamos la unión egoísta donde las parejas se convierten, uno en la propiedad del otro. El amor debe ser sincero y lo único que se debe dejar como prenda es la confianza mutua. Aunque había dos modos de amar: El amor físico, que es aquello que todos reclamamos por puro instinto y el amor desde el alma, ese que en secreto, todos anhelábamos encontrar.
La charla derivó sobre el sexo entre amigos, ahí todos afirmamos con unanimidad. Eso era algo habitual entre el grupo y lo practicábamos con asiduidad. Ninguno había exigido a nadie compromiso alguno, o habían hablado del asunto entre ellos u otros más allá del amanecer del día siguiente. Al menos en nuestro caso, sí era cierto que fortalecía la amistad. 
Todos sabíamos que estábamos mal vistos en el instituto, los pasillos estaban infestados de habladurías sobre nuestro modo de ser: "Revueltos pero no juntos"
No nos importaba lo más absoluto, es más, nos divertía. Sabíamos que simplemente, esos que nos repudian, nos envidiaban porque hacíamos aquello que les hubiese gustado hacer pero se reprimían por ese miedo social que nosotros rechazamos, el "¿Qué dirán?". Todo porque ellos estaban demasiado fusionados con la sociedad y la falsa moralidad de la sociedad, prefieren en mostrarse tal y como la gente espera de ellos y no tienen el valor para siquiera intentar liberarse.

 - ¿Alguna vez habéis besado a alguien de vuestro mismo sexo? - Preguntó de repente el "Rubio" mientras tensaba las cuerdas de su guitarra.

Todos callamos un instante, esperando que alguien respondiese, pero la única respuesta que dimos fueron unas risitas contenidas acompañadas de negaciones de cabeza, comenzó un nuevo debate. 
Aunque somos de espíritu liberal, la mayoría de nosotros provenimos de familias conservadoras, por no decir intolerantes. Dicho de otra manera, nos educaron sobre un modelo de familia y una conducta social que se debe seguir si queríamos encajar en el mundo que nos habían arrojado... chorradas, en mi opinión.
Terminamos concluyendo que, no habíamos besado a nadie de nuestro mismo sexo por dos motivos, el primero porque nunca sentimos esa curiosidad y en segundo lugar, no nos lo habíamos planteado porque simplemente, nunca nos surgió esa situación.

Puede que fuese por el efecto de la marihuana, los vapores del alcohol o por mí misma, que siempre tenía el "¿Y por qué no" en la boca. Pero el caso fue que, cuando el "Rubio" preguntó si había alguno dispuesto a probar, fui la primera en responder afirmativamente.
Comenzaron a reír, yo fingí que me ofendía y aseguré que hablaba completamente en serio. La "Peli" me miró con los ojos achispados y las pupilas ligeramente dilatadas y sonrió con picardía.

 - ¿Me besarías a mí? - preguntó con un tono que invitaba a reto.
 - ¿Y por qué no? - respondí encogiendo los hombros con indiferencia - Total, ya he "catado" a todos los chicos del grupo ¿no?
 - A todos no - interrumpió el "Vaina" - Solo te lo puntualizo.
 - Tú espera sentado "chulovaina" - le lancé un mohín 

Los demás estallaron a carcajadas, mientras, el "Vaina" dobló los dedos para simular una pistola y tras apoyarlo en la sien, simuló recibir un tiro y cayó desplomado de espalda sobre la arena.

 - Estamos igualadas, aquí queda poco que "catar" - Rió la "Peli" mientras sacudía sus rizos - Total, por probar...
 - Que no quede - terminé la frase mientras le lanzaba una sonrisa cómplice.

Todos estaban expectantes, solo se podía escuchar el rumor del mar y el chisporroteo de la leña. La "Peli" y yo nos sentamos de rodillas, una frente a la otra, mirándonos fijamente. Nos acercamos muy despacio con la vista fija en los ojos. Nuestros labios casi se habían rozado cuando nos apartamos la una de la otra con una risita nerviosa y algo cortadas.
Algunos murmullos escaparon del resto del grupo, unos afirmando que ya sabían que no nos íbamos a atrever y algún que otro resoplido de desilusión.

Fruncí el ceño mirándoles de reojo, agarré la cara de la "Peli" con ambas manos y la besé. Fue un beso fuerte, labios contra labios. Se escucharon exclamaciones de asombro y alguna que otra risa, pero comenzaron a sonar lejanas.
Ambas nos relajamos y comenzamos a besarnos con suavidad, nos abrazamos de tal manera que, no se sabría decir quién era quien. Entrelazamos nuestras lenguas, degustando nuestro sabor, acariciando nuca y hombros... Fue un beso largo, tierno, sensual y delicioso.
No sé cuánto tiempo duró aquel beso porque parecíamos estar ajenas al tiempo y el espacio. Cuando nos separamos, ambas sonreímos con malicia, como un niño disfrutando con una travesura bien realizada.
Los demás nos miraron estupefactos, algunos sorprendidos porque al final nos atrevimos, otros desconcertados por lo que acababan de presenciar, en este caso, la parte fémina del grupo y un par de ellos que se adivinaba sus pensamientos, uno porque simplemente se fue a zambullirse en el mar sin decir nada más y el otro porque se estaba secando con el dorso de la mano, un hilillo de baba que asomaba por la comisura de los labios.

 - ¿Y bien? - preguntó el "Moreno" mirando con sátira y la voz algo entrecortada - ¿Cuál es el veredicto?
 - Pues como cuando me "enrollé" contigo - respondí con naturalidad - Ha estado muy bien, pero no tanto como para repetirlo.

Todos estallaron a carcajadas, el "Rubio" volvió a tocar una nueva canción, esta vez fue "What's up" y nos unimos a él entrelazando nuestras manos formando un círculo. La noche era templada y decidimos darnos un baño todos juntos y desnudos.

Han pasado muchos años desde aquellas noches estivales, pero aunque al final nos rendimos ante algunos reglamentos de la sociedad para sobrevivir, sé que ellos al igual que yo, aún tiene intacta aquella alma libre y salvaje que de vez en cuando grita desde nuestro interior reclamando su libertad.



lunes, 18 de noviembre de 2013

Jaque mate. (Suspense)

Una densa nube de tabaco estaba suspendida en la estancia en penumbra, pronto oscurecerá y podrá salir... una vez más. Aleksandr fijó la vista en el tablero que estaba frente a él, se reclinó para coger una de las monedas que tenía sobre los escaques y la miró con detenimiento. ¿Catorce años ya?, se preguntó mientras esbozaba una fría sonrisa. entrecerró los ojos mientras los recuerdos le transportaban más allá de su cuchitril...

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Un relámpago rompió en la oscuridad de la noche rasgando el cielo y dibujó el contorno de la ciudad. Aleksandr levantó la mirada al cielo cuando el  trueno retumbó en sus oídos, hizo un amago de sonrisa. Era una señal, lo presentía.
Tiró el cigarrillo al suelo y se centró en ver cómo se consumía, sentía que sus pulmones ardían, había fumado demasiado y aún así, se encendió un quinto cigarrillo. El débil haz que provocó la llama acentuó aún más si cabía sus dura faz picada ligeramente por la viruela.
Un corredor pasó junto a él, cruzaron las miradas un instante y éste continuó su camino sin prestarle más atención. Aleksandr chasqueó la lengua, estaba harto, harto de ser invisible, de sentirse insignificante, de tener la sensación de no haber hecho nada destacable o admirable en su vida.
Su aspecto no le ayudaba, su mirada perdida le daba apariencia de retrasado, al menos es lo que estaba seguro que decían sobre él. Pero se acabó, todo esto desaparecerá porque ahora tiene un plan y cuando lo lleven a cabo, todos sabrán quién es Aleksandr Pichuskin y no solo en Rusia, en el mundo entero.

- ¿Cuál es tu magnífica propuesta? - Vladimir le interrumpió de sus pensamientos, era compañero de clase y de las pocas personas que se molestaba en hablarle - Hace un tiempo de perros ¿qué hacemos en el bosque a estas horas?
- Vamos a ser famosos - respondió sin disimular su entusiasmo - Hablarán de nosotros incluso después de muertos.
- ¿De qué estás hablando? - Vladimir arqueó las cejas y luchó por no soltar una carcajada - ¿Famoso tú?
- Sí, vamos a superar a Andrei Chikatilo - murmuró tras dar un largo sorbo a su botella de vodka - Seremos mejor que él, borraremos del mapa a vagabundos y prostitutas, tú y yo limpiaremos la ciudad de...
- ¿Estás loco o borracho? - Vladimir retrocedió un paso tanto por el impacto que le provocó oír aquello como los vapores de alcohol que su compañero despedía y le mareó ligeramente - ¡No quiero saber nada de esto, todos tenían razón, eres un pirado!.

Aleksandr vio como su compañero le daba la espalda. Había estado elaborando un intrincado plan, estaba todo pensado e incluso quiso compartir fama con él, y ahora este cretino tira por tierra todas su ilusiones, incluso se ha reído de él. La mente se le nubló, Vladimir ha elegido ser el primero...
Caminó en dirección contraria que la de él y en el primer codo del camino, se escondió entre la maleza para perseguirle con sigilo. 
Vladimir escuchó las hojas y ramas crujir a su espalda, se giró por instinto y vio fugazmente unos ojos fríos y carentes de brillo que, inyectados en sangre le traspasó. Un dolor agudo en la sien hizo que todo se volviese negro y en estado semi inconsciente, notó cómo era arrastrado mientras una voz hueca y lejana, le lanzaba toda clase de insultos.

Aleksandr arrastró a su compañero apartándole del sendero. Miró nervioso en todas direcciones intentando pensar qué hacer. Pero no había nadie por ahí y el único sonido que rompía el silencio era su propia respiración agitada. Vio una alcantarilla destapada y con alivio, se dirigió allí.
Vladimir estaba demasiado aturdido para percatarse de lo que estaba pasando, solo cuando su cuerpo cayó al vacío para sumergirse en el agua fría de la alcantarilla, se espabiló por completo. Intentó aferrarse a las paredes de piedra con desesperación, no llegaba al fondo y no sabía nadar. Aleksandr se acuclilló en el borde para observarle mejor. Cuanta más desesperación y angustia demostraba tener su compañero, más poderoso se sentía él. Disfrutó, disfrutó cómo Vladimir pedía ayuda, cómo se sometía a él, cómo las uñas ensangrentadas quedaban clavadas en la piedra... Tras varios minutos de angustia para uno y disfrute del otro, Vladimir se sumergió por última vez y lanzó su último soplo de vida a modo de una única burbuja que brotó en la superficie.

Pasaron tres meses cuando la policía encontró el cuerpo de Vladimir, no hallaron ninguna pista y finalmente cerraron el caso declarándolo un accidente. Aleksandr se sintió más confiado, había saboreado el placer de quitar la vida con sus propias manos y ahora, necesitaba sentirlo nuevamente, esa sensación de poder se había arraigado en su albedrío como una droga.

Invitó a un indigente a vodka para ganarse su confianza y con engaños, le llevó a lo alto de un edificio donde le arrojó al vacío. Sonrió con amplitud al oír cómo el cráneo de aquel desgraciado reventaba contra el pavimento, pero se sintió algo decepcionado, no sintió tanta satisfacción como pensó, necesitaba más, necesitaba usar las manos, mirar la angustia de su víctima clavados en su retina...

Varios días después, volvió a sentir que necesitaba buscar más víctimas. Antes de salir de casa, rebuscó en la caja de herramientas y la mirada se le iluminó al ver un pesado martillo de hierro. Cuando levantó la herramienta para observarla detenidamente, sintió que era una extensión más de su cuerpo.

Estaba tomando su tercera copa cuando una chica poco agraciada le dedicó una sonrisa, él devolvió el gesto levantando su copa e instándole a que le acompañe. Tras una hora de conversaciones banales y hacerle creer a la chica que estaba interesado por ella, la convenció para dar una vuelta por el parque y buscar algo más de intimidad. 
Se detuvieron bajo un puente y ella le besó con impaciencia. Aleksandr se dejó llevar durante un rato, pero la falta de pudor de aquella zorra, le provocó asco. Tras comprobar por el rabillo del ojo que no había nadie más y agudizar el oído a cualquier sonido ajeno a ellos, con disimulo se llevó la mano a la espalda y agarró el mango del martillo que tenía oculta tras su cazadora. 
Ella se desplomó en el suelo sin emitir sonido alguno al recibir el primer golpe, Aleksandr se arrodilló sobre ella sentándose en su vientre y comenzó a asestarle un golpe tras otro. Por cada martillazo que daba, más incrementaba su éxtasis e su violenta conducta iba en aumento hasta liberar la bestia que llevaba dentro y cuando la sangre de su víctima le salpicó la cara le provocó un clímax sexual.
Se alejó de ella silbando alegremente mientras su silueta se difuminaba hasta desparecer en la brumosa noche sin luna...

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Catorce años han pasado y aún no ha podido saciar su sed de sangre. Volvió a dejar la pieza en el tablero y observó con orgullo y satisfacción su trofeo. Un tablero, una moneda en cada escaque, una por víctima... sesenta y una monedas, tres más y habrá cumplido su objetivo. Una sensación de vacío le invadió, cuando no queden más casilleros... ¿qué hará entonces?

Unos violentos golpes en la puerta le arrancaron bruscamente de sus pensamientos. ¡Policía, abra la puerta! gritaron desde el otro lado. Aleksandr se puso en pie con suma tranquilidad mientras mantenía la mirada fija en su tablero. Ha superado a Chikatilo, su mentor, su fuente de inspiración.
Los agentes derribaron la puerta y le redujeron para esposarle.
- Habéis salvado la vida de muchas personas al atraparme, nunca me hubiese detenido - Contestó con tranquilidad cuando uno de los agentes le preguntó si tenía algo que declarar - Ahora lo sé, porque para mí, una vida sin homicidios es como para ustedes, una vida sin alimentos.


Nota de la autora: Aleksandr Pichuskin es un asesino en serie ruso, conocido como "el asesino del ajedrez", quería que sus asesinatos igualaran al número de casillas de un tablero de ajedrez, es decir 64.
Quería batir el récord del asesino en serie más célebre de Rusia, Andrei Chikatilo, condenado a muerte y ejecutado en 1994 por el asesinato de 53 adolescentes y niños en el sur del país.
El 24 de octubre de 2007 fue declarado culpable de 48 asesinatos y tres tentativas de asesinato por un tribunal ruso. La pena máxima en Rusia es la cadena perpetua, después de que la pena de muerte, que no ha sido abolida, está suspendida hasta el 2010.
Desde su detención, Aleksandr solo declaró tres frases:
-No maté 49, maté 61
-Una vida sin homicidios para mí es como una vida sin alimentos para ustedes
-Salvaron la vida de muchas personas al atraparme, nunca me hubiera detenido

martes, 29 de octubre de 2013

Platónico (Erótico)

 El Sol ya se ha ocultado, es la hora. Puedo escuchar sus pisadas crujir sobre la madera, viene hacia mí como cada noche y como cada noche, siempre viene con tranquilidad. En cambio yo, apenas puedo contenerme. La impaciencia se apodera de mi, ojalá pudiese levantarme e ir yo a por ella... ojalá.

Me destapa con esa delicadeza tan característica en ella cuando llega este momento. Con movimientos autómatas me prepara. De mí sale un sonido parecido al de una cremallera deslizándose. Le indico así que estoy lista para comenzar, me rindo ante ella completamente sumisa.

Ella marca la silueta de sus labios con su lengua húmeda y me estremezco, aunque no puede notarlo. Y comienza nuestro ritual íntimo...
Sus dedos ágiles cual felina de la Sabana, comienzan a deslizarse sobre mí. Al principio con suavidad, delicadeza y un poco insegura. Pero a medida que su mirada se pierde más allá de la realidad, cuando su mente la transporta a lugares que solo yo puedo encontrarla, se vuelve más impulsiva e impaciente.

Me dejo hacer, ¡oh qué sensación! quiero gritar que siga, que me de más y más rápido, pero no puedo y aunque me frustra el no poderme mover o hablar, la satisfacción de saber que soy toda suya, compensa todo lo demás y para mí es suficiente.

Tap, tap, tap, tap... es el único sonido que puedo emitir, pero parece que ella los sabe interpretar porque ambas hemos llegado a un punto donde el frenesí ha sustituido nuestro libre albedrío, lo único que mostramos es el instinto más ancestral. Cada vez que me agarra la parte superior y la desliza con brusquedad, siento que voy a estallar.

De sus labios salen estas palabras:
"Él sintió unos puntos de calor mullido sobre sus teclas como la leve cosquilla de un despertar sin apremio"
Y aunque me sé que no se dirige a mí, yo así lo imagino, pues así es nuestra relación. Ambas disfrutamos juntas, aunque nuestras mentes estén distantes. Pero esas palabras que acaba de pronunciar... es así como me siento. ¡Oh Dios, sabe como me siento! mi éxtasis incrementa hasta un punto incalculable.

Continuamos durante horas, la alborada no está lejana, pero la intensidad no ha mermado. Me desliza, toca hasta el último rincón de mi ser con sus largos y finos dedos. Pero como siempre hace, sin previo aviso, se detiene bruscamente. Me mira fijamente durante un instante y con firmeza, me desprende del lienzo antes blanco y ahora impregnado de su desinhibir. Ese es mi clímax y siento traspasar las puertas del Nirvana.

Sin mediar palabra, ella se marcha bajando las escaleras con pesadez. Sé que ella no sabe lo que pasamos juntas cada noche significa para mí. ¿Cómo puede saberlo? es algo irreal, es un sueño. Un sueño entre ella, una escritora y yo... su máquina de escribir.


domingo, 22 de septiembre de 2013

In fraganti

La multitud me rodea, pero en mi cubículo de metal me siento protegida y aislada del mundo, a pesar que los ruidos y sonidos del exterior se filtran en en interior de mi guarida e invaden mi espacio vital. Es como si se empeñasen en que no olvide que soy una pieza más de este enjambre acústico y caótico que llamamos sociedad.

Intento concentrarme en la música y tambolireo sobre el volante al ritmo, pero el momento de evasión es demasiado breve. Antes que terminase la última nota, la voz de un comercial irrumpe en mi ensoñación anunciando un producto con tanto énfasis, que siento deseos de adquirirlo aunque no lo necesito y puede que nunca lo use. Chasqueo la lengua bastante molesta e intento buscar otra sintonía, pero el resultado vuelve a ser el mismo, decido dejarlo estar.

El río de acero multicolor avanza de nuevo por la avenida y yo, como una gota más, me dejo arrastrar unos cuantos metros hasta que la aglomeración me obliga a detenerme nuevamente.
Miro con disimulo a ambos lados, convencida de que mientras no salga de aquí, soy invisible al mundo. La actitud de los otros conductores reafirman mis pensamientos. Cada cual está como yo, absortos en sus pensamientos, me pregunto en qué pensarán ellos. ¿Se plantean las mismas cosas que yo? creo que no, al menos es lo que ratifican mis amigas, que lo mío no es normal. Una forma elegante que tienen para decir que estoy como una cabra, pero en fin, a mí me gusta ser como soy.

Miro a la izquierda, luego a la derecha... Nadie parece darse cuenta de mi presencia, aquí dentro puedo ser yo misma, olvidarme de los prejuicios (que por otro lado, por norma general, me resbalan) Pero el pudor interpuesto por la sociedad, las reglas del aparentar y demás falsedades y frivolidades, me hace titubear. Dudo un instante y no sé si atreverme, pero me convenzo a mí misma que son sugestiones, nadie me está mirando. ¿Por qué tendrían que estar pendientes de mí? ¡Ni que fuese tan importante, caramba!.

Me dejo de tonterías paranoicas y me concentro en la música, la pieza que está sonando me gusta y comienzo a tartamudear la letra entre gorgoritos agudos que bien podrían dañar cualquier tímpano o resultar insultante para todo aquel que aprecie la música (cantar se me da fatal). El caso es que consigo evadirme del coche, del tráfico y del mundo, todo a mi alrededor deja de tener importancia. Y entonces, casi inconscientemente, lo hago...

Me rasco la aleta izquierda de mi nariz sintiendo un alivio casi instantáneo, tras tres rascadas ligeras con el dedo, lo introduzco en la cavidad nasal y hago un movimiento semicircular, entonces... ¡Tengo al puñetero! Saco del interior de mi nariz esa sustancia pegajosa que desde hacía un buen rato, me provocaba un cosquilleo muy molesto haciendo que incluso, estornudase varias veces.
Con el dedo índice y el pulgar, lo convierto en una pelotilla perfecta, saco el brazo por la ventanilla y con disimulo, me dispongo a deshacerme de la prueba del delito haciendo que chasqueo los dedos al ritmo de la música.

El tráfico vuelve a avanzar, pero mi sexto sentido hace que mire hacia mi izquierda y veo que el conductor del coche que estaba justo a mi lado, me miraba fijamente y giró la cabeza bruscamente al frente mientras el movimiento repetitivo de sus hombros delata que se estaba riendo.
¡Mierd... me han pillado!






jueves, 19 de septiembre de 2013

Convicto (A Miguel Hernández)

XXXIX

Convicto ataviado con ropajes sucios y raídos,
tus manos encalladas y miembros entumecidos.
caminas con hombros caídos y mirada cansada.
tambalea el coraje abatido y  alma sepultada.

Convicto de piel curtida por la cruenta batalla
con el estómago vacío y tu pelo una maraña.
Te dieron un jergón de paja y calzado de esparto.
vencedor o vencido, y tú perdiste en el reparto

Convicto, fuiste arrastrado hacia la negra suerte.
muda la voz del soldado, no del poeta la mente.
vencedores usurpadores doblegan a los vencidos
actuaron sin piedad ni cuartel, ese es el cometido.

Convicto que a muerte ellos quisieron condenarte
pues con pluma y tinta a versos los desangraste
Una carta mitigó la suerte pero alargó la agonía.
Enfermaste al pensar en la miseria de tu familia.

Convicto, ya oyes la llamada de la Dama Oscura.
le ruegas que te lleve junto a tu amigo de Granada.
Pues de otros ya sabes que quedaron exiliados
y maldices el día que quisiste haber regresado.

Convicto, que finalmente se jactaron de tu agonía.
creyeron que ni un recuerdo serás, pero fue un error
no se puede borrar las huellas del poeta tras la muerte
pues sus pasos son guía para otros. Ayer, hoy y siempre.


viernes, 6 de septiembre de 2013

La muerte de la Gaviota (Fábula)

Hace muchos años, un Águila Negra volaba altiva sobre un paisaje amarillo trigo y rojo amapola. Estaba rodeada de gavilanes grises y con su ayuda, hizo de aquel territorio su cubil.
Acechaba los campos y atemorizaba a los gorriones que se veían obligados a volar en las corrientes de aire que el Águila les indicaba. Ninguno podía volar más alto o más veloz que los demás. Pues para el Águila Negra, un gorrión es insignificante y de baja condición por lo que, no tiene por qué disfrutar de la infinidad del cielo. Y si había un gorrión que se aventuraba a volar por su cuenta, entonces, los Gavilanes Grises iban en su busca, lo apresaban imponiendo severos castigos para así adoctrinar a los demás gorriones y demostrar lo que ocurre cuando uno aspira a volar más allá de su condición.

Los gorriones más viejos, temían que las siguientes generaciones ignorasen que antaño, en este paraje amarillo trigo y rojo amapola, antes del Águila Negra, también existía otro color... el violeta. No podían consentir que el recuerdo de aquel tiempo se disolviese como la espuma marina. Pues todos sabían que el olvido es la madre de toda desidia. 
Contaban clandestinamente a los más jóvenes, historias sobre libertad, igualdad y fraternidad. Y bajo la estela del Águila Negra, el viento susurraba historias del pasado que alimentaban el alma de los jóvenes gorriones.

A medida que los años pasaban, la vitalidad del Águila Negra se fue debilitando al igual que las fuerzas de los Gavilanes Grises. Y los jóvenes gorriones ansiaban cada vez con más desesperación, cumplir sus sueños de campos libres y cielos infinitos. Comenzaron a elevarse y reagruparse, piaban casi con desesperación nuevos cánticos de Libertad.
Hasta que un día, el Águila Negra murió. Fue un momento agridulce para los gorriones, pues al fin el Águila con alma de cuervo murió sí, pero quedó impune de sus actos infames y su dictadura impuesta.

Al menos, los gorriones al fin fueron libres y ocuparon el cielo y los campos. Aunque el cambio del paisaje fue sutil. Ya no estaba la sombra del Águila Negra en su centro y junto al amarillo trigo, comenzaron a brotar infinidades de rosas rojas. 
Al fin podían volar tan alto y lejos como querían. Las fronteras del cielo se habían roto y el único límite era el impuesto personalmente.
Todos tenían igualdad de oportunidades, si un gorrión quería volar tan veloz como un halcón, elegante como un cisne o vistoso como un pavo real, no había nadie que se lo impidiese.
Fueron años de bonanza y tranquilidad. Nació la siguiente generación que creció sin miedos, prohibiciones y represalias. Fue realmente, una época maravillosa.

Como todo en esta vida, el mal también tiene un ciclo y cada vez que tiene oportunidad regresa y así lo hizo. Pero no fue un Águila quien apareció, sino una Gaviota. Al principio fue ignorada por los gorriones que recelosos, no terminaban de confiar en aquel ave carroñero.
Pero ocurrió que, las Rosas rojas que brotaron en el paisaje, se convirtieron en grandes y espesas matas comenzando a cubrir todo el terreno y a herir a los gorriones con sus espinas haciendo que, la efectividad y calidad de vuelo de los gorriones comenzasen a mermar. Algunos comenzaron a sentirse cansados y abatidos dudando de sus propias fuerzas para emprender el vuelo.

Y la Gaviota, como carroñera que es, vio allí su oportunidad. Fingió preocuparse por los gorriones y con artimañas y mentiras se ganó la confianza de los gorriones. La Gaviota comenzó a aplastar a las Rosas rojas hasta que apenas quedaron unas ramas inservibles. 
Los gorriones se mostraron agradecidos con la Gaviota y aparentemente, todo volvió a la normalidad.

Pero fue un espejismo que perduró como un suspiro. Poco a poco, los gorriones notaron que era más difícil volar por donde querían, siempre estaba la Gaviota que se cruzaba en su camino y obligaban a los gorriones a aminorar su vuelo e incluso en otras ocasiones, a desistir en su empeño de conseguir algo que hacía poco era más accesible a ellos.

La Gaviota fue ganando terreno y a apropiarse de todo el territorio con disimulo y malas artes. Pero la mente de los jóvenes gorriones es distinta que la de sus predecesores. Pues sus padres se han preocupado que crecieran aprendiendo a pensar por sí mismos, a mantener sus ideas y luchar por sus principios. Los jóvenes gorriones sabían que en tiempo no muy remoto, hubo una época de oscuridad. Una época en el que todos los gorriones padecieron injusticias bajo el yugo de la opresión.

El temor de padecer aquello, hizo que los gorriones se alzasen contra la Gaviota y comenzaron una revolución. Aunque al principio eran escasos en número, poco a poco fueron añadiéndose más y más gorriones a la causa. Incluso también se unieron palomas, garzas, cigüeñas y búhos pues ellos también estaban padeciendo la opresión de la Gaviota que les iba mermando el espacio de vuelo.

Y aunque la Gaviota era fuerte y con un poderoso y desgarrador pico, ignoró el hecho natural más importante. Un hecho que fue la perdición de la Gaviota y la salvación de los gorriones. Y es que, ellos eran mucho más numerosos y se habían unido como uno. Y entonces, juntos y organizados, pueden desterrar a la Gaviota con alma de cuervo de su cubil.
Finalmente la Gaviota, a pesar de ser más fuerte, cayó ante la presión y el arrojo de los gorriones.

Una vez más, los gorriones volvieron a ser libres y volar por donde deseen. Y ahora, el cielo vuelve a ser infinito, el paisaje está volviendo a cambiar y están brotando nuevas plantas. Algunos se preguntan qué color bañará el paisaje ahora. ¿Tal vez regrese el violeta?, ¿será un nuevo color?. Realmente eso no importa, pues lo importante es que el paisaje vuelve a ser de todos y cada uno de ellos.

Los gorriones hicieron un pacto. Nunca permitirán que el mal muera en el olvido para que no pueda regresar. Y así, se han comprometido a trasmitir a las siguientes generaciones, la historia de La Muerte de la Gaviota que quiso volar sobre la estela de un Águila Negra.

FIN.

lunes, 1 de julio de 2013

Citas III

"No sé si mis lágrimas significan algo, pero hoy tengo ganas de llorar"
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 "Si no consigues ver las estrellas a través de las nubes, saca el paraguas y sigue tu camino mientras amaina la tormenta"
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"No despliegues tus alas si aún no has aprendido a volar, podrías estrellarte"
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"No abras la boca si tienes la cabeza vacía, el eco de tu ignorancia resonará con más fuerza"
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"Si no aceptamos las críticas, ¿Cómo podemos valorar los halagos? Este mundo es un constante aprendizaje. Si nos ofuscamos en solo aceptar los halagos, nunca creceremos ni nos perfeccionaremos. Ya que el ser humano es imperfecto por naturaleza. Siempre habrá algo nuevo por aprender, desde el primer soplo hasta el final de nuestros días"
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"Si ves que a alguien se le resquebraja el coraje, ayúdale a tapar la grieta o ignóralo, pero no ensanches su pesar, rascando la herida con tu soberbia"
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"Escribe lo que te gusta y acertarás, escribe para gustar y te engañarás a ti mismo"

domingo, 23 de junio de 2013

Efímera

XXXVIII

Pensé que sería un eslabón más,
una pieza que completaba el puzzle,
el complemento que formaba un todo,
alguien que podrían necesitar.

Nunca fue como creí, pues soy nada.

Las risas que conmigo compartían,
las lágrimas que buscaban consuelo,
los suspiros que en mí provocaban,
los abrazos que di, sin pedir nada.

Fue todo un espejismo, pues soy nada.

Dancé al ritmo que no correspondía,
adaptándome a corrientes distintas,
aceptando todas sus diferencias,
pensando que algo yo les aportaba.

Nunca fue como creí, pues soy nada.

Me llamaban, creí que me querían,
me sentí incluida, que me aceptaban,
que mi compañía, cerraba el círculo,
que de la baída, era el cuarto pilar.

Hoy todo está aclarado, pues soy nada.

La venda de los ojos se me cayó,
miré por mí misma por vez primera,
solo me rodeaba una quimera,
fue cuando mi corazón se partió.

Mi interior se fragmentó, pues soy nada.

Marcharé en silencio y sin decir nada,
pues dudo que denoten mi partida,
Sé que ellas nunca me necesitaron,
aunque sin ellas, me siento vacía.

Pero no importa nada, pues soy nada.

Los recuerdos desaparecerán,
al igual que hace la espuma marina.
Como un momento hermoso, pero efímero,
para mí fue un todo, es lo que me quedo.

Me olvidarán muy pronto, pues soy nada.


miércoles, 19 de junio de 2013

Éxodo

- ¡Maldita la desidia de mi entorno y malditos los que me han obligado a esto!- Grito desesperado una y otra vez hasta desgarrar mi garganta. Y continúo gritando, sin voz ni fuerzas, permanezco de rodillas en el suelo, llorando e impotencia y golpeando la tierra con mis puños hasta hacerlos sangrar.
El ocaso envuelve de sombras mi aldea amurallada y desde la loma, la veo desaparecer ante mí. Solo puedo distinguir tenues luces naranjas provenientes de las teas de algunas casas.

Cojo mi hatillo y me dispongo a abandonar la tierra que me vio crecer, donde mis antepasados cavaron profundos hoyos para dejar ahí las raíces familiares y donde he de abandonar mi descendencia.
Pero no tengo otra alternativa, "Mal año, malos tiempos" es toda respuesta que obtuve durante meses cada vez que intentaba encontrar trabajo fuera de mi oficio.

No eran los tiempos, todos sabíamos que, mientras los nobles se enriquecían a costa de matar al pueblo de hambre cobrando tributos de una tierra que ya no daba de sí y la iglesia, que con su afán de engalanar sus templos con el oro de los Incas, ha olvidado el juramento de cuidar a los más necesitados.
Había oro y riqueza pero eran malgastados en fiestas, cacerías y retablos de oro y plata. Y al pueblo llano, no llegaba ni un mísero maravedí.
Y si alguno, osaba mostrar su descontento en las puertas de los templos, el fraile de turno los despachaba gritando con ojos encendidos.
- ¡Qué sabrán las hormigas lo que yo hago en invierno!.

Y heme aquí, en el año de nuestro Señor 1612, dispuesto a partir hacia Las Américas, para encontrar allí la Tierra Prometida. He oído hablar tanto de aquel lugar, dicen que solo basta rascar la tierra con el pie para que brote oro y plata por doquier.
Al principio no hice caso de esas habladurías, yo tenía un próspero negocio y a mi familia no le faltó nunca de nada. Pero la idea de que en las colonias, se podía empezar de nuevo y hacerse rico en poco tiempo, empezó a desvelarme por las noches. Sobre todo al ver como el único hijo que aún me quedaba con vida, moría de hambre ya que la pulpa de los frutos que mi mujer robaba del huerto del convento y el escaso pan seco y duro de harina de habas que yo rara vez conseguía, no era suficiente para él.

Así que he de marchar, he tenido que fingir mi propia muerte para que así, mi mujer e hijo, puedan alimentarse y sobrevivir con las aportaciones que en su tiempo yo acumulé en el montepío de mi cofradía de alfareros. Sé que es indigno y a mi regreso me acusarán impíamente, pero no me preocupa, una vez que me haya hecho rico, nadie mirará por encima de mi hombro nunca más.
Pagaré mi afrenta depositando los dineros que se hayan empleado para mi familia, con intereses y purgaré mis pecados como todo rico hace, con oro.
Y como sé que Dios me vigilará y a él ruego para que mi empresa tenga éxito, llevaré como penitencia a modo de cinto sobre mis carnes un cilicio y lo portaré hasta cumplir la promesa. Y vive Dios que cumpliré.

Puedo ver la costa en la lejanía, durante los seis días con sus noches que ha durado mi viaje hasta llegar al puerto de Indias, mi camino no estaba deshabitado. Cada aldea o ciudad que dejaba atrás, iban apareciendo más y más hombres que como yo, dejaban a sus familias atrás en busca del Dorado. Me reconfortó y apenó a la vez, que no era el único. Entre todos, formamos un río humano que bajaba de las altas poblaciones para llegar al río que nos trasladará hasta ultramar, más allá del horizonte, donde nuestros abuelos decían que el mundo terminaba.

Paseo por el puerto fingiendo altivez aunque mi interior se encuentra afligido. Y pienso en la peculiar tripulación que comienza a llenar la nave. Todos artesanos, comerciantes y campesinos que van en busca de una vida mejor. "Son malos tiempos" pienso con angustia y suspiro con el alivio de pensar que, una vez superada esta crisis, nunca más se volverá a repetir porque todos hemos aprendido la lección.

La nave serpentea el río dejando la capital atrás, la observo por última vez antes virar el primer codo. Suspiro mirando el campanario de la Catedral y me fijo en la estatua que la corona, la representación cristiana de la diosa Atenea, me mira y sonríe. Devuelvo el gesto con timidez, parece que se despide pero no es una despedida, siento que me dice "vuelve pronto, te espero", sé que dice eso.

Sentado en cubierta, usando como apoyo el palo de mesana, suspiro pensando en mi mujer e hijo. Los amo y es ese amor que siento por ellos, lo que me ha dado el valor que precisaba para esta empresa. Poco a poco me voy durmiendo, el deseo que mi hijo comprenda el motivo de mi acción lucha contra el temor de  ser olvidado. Pero sé que quien tiene la respuesta es el tiempo, yo solo puedo aportar paciencia.


lunes, 10 de junio de 2013

Felonía

He perdido la noción del tiempo, parece que llevo esperando una eternidad. El tren que nos iba a trasladar hacia nuestra felicidad, ya se marchó y aún no has venido. Me arden los pulmones a causa de todo el tabaco que he fumado para intentar así, templar los nervios. ¿Dónde estás?, ¿qué te ha podido ocurrir?, no paro de preguntarme eso una y otra vez. La preocupación y el miedo hace que imagine mil y una desgracias.
Evoco en mi memoria nuestros encuentros clandestinos, cuando nos desinhibíamos y podíamos entregarnos en cuerpo y alma. Hasta que llegó el momento en que no podíamos más, ya no tenía sentido ocultar por más tiempo lo que había nacido entre nosotros. En cuerpo y alma, éramos uno.

Estoy esperando, es el día pactado para nuestra huida, pero no es la hora. Ese momento pasó hace mucho y aún no has llegado. La angustia de no saber de ti, me está dominando ¿Por qué no apareces?
Mis pensamientos se interrumpen bruscamente, una mujer se para ante mí, su cara me es familiar aunque en estos momentos, no consigo ubicar dónde la he visto antes. Me llama por mi nombre y me entrega una carta, seguidamente se marcha sin darme la oportunidad de interrogarla.
Abro el sobre con curiosidad, se me forma un nudo en la garganta al reconocer tu letra en la misiva. Con dificultad a causa del temblor en mis manos, prosigo a leer tu carta.
"Me gustaría decir que no es una despedida, que será un hasta luego. Pero no puedo, nunca te podría mentir mirándote a los ojos, ya no puedo fingir más. Sabes que esto ocurriría, soy cobarde, lo sé. Nunca tuve ni tendré el valor de dejar a mi marido. Estoy acostumbrada a la vida que me da y tengo pavor de empezar de nuevo, aunque sea a tu lado. 
Ódiame si quieres, estás en tu derecho. Yo ya lo hago por ti. Siento mucho el daño que te estoy haciendo, te hice creer que siempre habrá un lugar para soñar. Pero lo siento mucho, todo fue un juego. Yo solo quería una aventura, un pequeño paréntesis para escapar de mi rutina y apareciste tú como respuesta a mis ruegos.
Sé que deseas más, que lo has dado y dejado todo por mí y eso aumenta mucho más mi pesar. Pero te quiero, te quiero muchísimo y es por eso que no puedo continuar. Sé que no lo entenderás ahora, pero debes entender que nunca sería tuya completamente, solo puedo ofrecerte media vida y eso, no lo mereces.
Vete, aléjate de mí  y marcha hacia donde está tu destino. Lo que mereces ya te está esperando, ve en su busca porque no soy yo.
Lo siento, pero no puedo continuar con esta falsa. Ojalá puedas perdonarme algún día."
¡No puede ser, no puedo creerlo! Leo una y mil veces la carta, pero no consigo reconocer entre esas líneas a la mujer que juró amarme por siempre, esa no eres tú. Aquí te muestras fría, cruel y despiadada. ¿He sido solo un juego para ti?, ¿tu interior reía cuando tus ojos lloraban por no poder estar a mi lado por siempre?
Te entregué mi vida, perdí todo cuanto poseía para que estuvieses a mi lado, porque eso era lo único que necesitaba. Y ahora... me abandonas como un juguete roto del que ya te cansaste de utilizar.
Comienzo a llorar de rabia, de impotencia, de dolor... Has destrozado mi vida, has mutilado mi capacidad de volver a confiar, que creer en el amor. Me has vaciado por dentro y los restos que no has querido, se han podrido a causa de tus mentiras.

Me pongo en pie y decido alejarme de aquí. Ya no me queda nada, ni horizonte ni lugar a donde ir. Todo lo que me esperaba más allá de las vías, era para disfrutarlo a tu lado y ahora estoy sólo, completamente sólo.
Mientras camino sin querer mirar atrás, siento que llevo en mí una gran carga sobre mis hombros. El peso de la traición ralentiza mi partida. Yo te amaba con locura, mi entrega fue incondicional ¿Me quisiste tú alguna vez?
Estoy dejando todo atrás, intentaré escapar de este dolor, pero sé que por muy lejos que marche, siempre portaré conmigo y marcado en mi corazón por el yerro candente de tu traición, una cicatriz, una pregunta sin respuesta... ¿Por qué?


La promesa

XXXVII

Lo siento pero he de partir, mi vida,
aquí ya nada puedo hacer más por ti
me vencieron, mi lucha llegó a su  fin.
pero siempre mi alma a ti, estará unida.

Pensaré en la estrella que te ilumina,
la que velará tus sueños por mí,
Recuerda esto, yo siempre estaré en ti,
Cuando pueda, emprenderé la venida.

Lloraré por ti, pero no tengo opción,
el mal acecha y de ti lo alejaré.
Ofrenda daré, será mi corazón.

Recuerda, no es para siempre, volveré
cuando asegure tu alimentación,
con pan y leche junto a ti estaré.

domingo, 2 de junio de 2013

Citas II

"Prefiero vivir libre con mi locura que estar esclavizada y condicionada a la cordura de los demás"
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 "Y en esa cruenta batalla entre la razón y la locura, nos conocimos"
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"Solo te bastó una palabra para poner mi vida patas arriba. Bendita locura"
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"No te hundas ante una puerta cerrada, esa no era la tuya. Continúa y ve a la siguiente"
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"El secreto para no dejar escapar las oportunidades, es decir sí a todo" 
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"En definitiva, escritor puede ser una profesión. Pero a su vez, es un estado de ánimo, una gesta compulsiva que lo obliga a expresar y trasmitir sentimientos de la única forma que le hace sentir libre... con su pluma"
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"Cuando me enfrento a un papel en blanco y una vez plasmado ahí todo cuanto tenía en mi cabeza, a veces me invade un leve malestar cuando compruebo que me he quedado muy corta al intentar expresar lo que pretendía. Y es que a veces, mi pluma y mi alma no están todo lo sincronizadas que me gustaría"

viernes, 31 de mayo de 2013

Debo decir adiós

¡Qué difícil es despedirse de alguien cuando no te puede oír!. Y ahora, que ya nunca te volveré a ver, los recuerdos bombardean mi cabeza sin cesar. Son tantos y tan variados... como cuando nos conocimos en el jardín de infancia ¿recuerdas?, tú me franqueaste el paso, yo me enfadé muchísimo y te mordí el brazo. Nos peleamos con la seriedad que dos críos se pueden pelear y nos castigaron mirando a la pared. Al principio nos culpábamos mutuamente, después, comenzamos a hablar y bromear. Así fue el nacimiento de nuestra amistad y fue así como nos convertimos en los mejores amigos que jamás tuvimos.

Me enseñaste a montar en bici porque yo no tenía y a cambio, te enseñé a trepar los árboles. Pinté en tu primera escayola y las posteriores, que fueron muchas. Aunque reconozco que también fui la causante de alguna que otra a causa de mis ocurrencias de "Tarzán". Éramos unos "salvajes" como solían llamarnos los adultos. Siempre ideábamos alguna trastada que terminaba en arañazos, heridas, moratones y posteriores cicatrices que ahora observo con añoranza y siempre me provocan una leve sonrisa.

Crecimos juntos, nos aguantamos mutuamente durante esa edad tan difícil de la adolescencia. Mi rebeldía y tu pasotismo, convivieron en simbiosis y uno calmaba el exceso del otro.
Conocimos por separado el primer amor junto a la primera desilusión. Aunque a veces, encontramos incomprensión por nuestra amistad y se alejaron de nosotros, por querernos separar y negarnos a ello. ¿Recuerdas?; "Un chico y una chica, no pueden ser solo amigos, tarde o temprano habrá algo más".
¡Cómo nos divertíamos provocando habladurías! Creando situaciones de doble sentido y sentarnos a esperar que llegasen los cotilleos. Y mantuvimos ese juego que ya ni recuerdo quién empezó, sobre cortejarnos el uno al otro y nunca llegar a dar el paso definitivo.
Porque yo sabía, al igual que tú, que nuestra amistad era fraternal, Aún suelto alguna carcajada que otra cuando te recuerdo preguntándome si te quería, yo te respondía que muchísimo, como una hermana a su hermano. Entonces, extendías los brazos y con esa mirada tan característica tuya, que tanto te funcionaba con las chicas, exclamabas; "Venga Princesa, ¡viva el incesto!" Entonces te abrazaba y rozando tu nariz con la mía, sonreía con malicia y te respondía con tono aleccionador: "Nunca funcionaría y lo sabes". Entonces, me dabas un toquecito en la nariz y me respondías, tras un beso en la frente, "Eres mala, pero eres mi Princesa"

Ambos nos apoyamos y consolamos mutuamente en nuestras penas y errores. Ejercíamos por turnos, el rol de "Pepito Grillo", intentando aconsejar con todo lo que nuestra joven experiencia podía, aunque al final hacíamos lo que nos venía en gana.
Siempre podíamos contar el uno con el otro para hacer aquello que que recuerdo con más cariño: Escuchar, nunca reprochar y animar si es necesario.

Estuviste conmigo en el momento más duro y difícil de mi vida, mi etapa más sombría y oscura. No te separaste de mí. Aunque sabía que te preocupabas mucho y temías por mí, yo quería estar sola y te apartaba de mi lado, pero nunca lo hiciste.
Lloré, lloré muchísimo entonces y tú lloraste conmigo. Tanto, que me sorprende que aún me queden lágrimas.
Ahora, después de tanto tiempo, entiendo tu sufrimiento y preocupación. ¡Cómo desearía decirte que sin ti, no lo hubiese superado y por eso, te estoy agradecida!. Pero ya no puedo, ni podré jamás...

Fuimos más que amigos, juntos éramos un todo, tú cuidabas de mí y yo de ti. Recuerdo  que, por tu forma de ser, tan liberal, tan sincero, directo y a la vez hermético con el resto, hizo que todos se quisieran apartar y no querían contar contigo llegando incluso a hacerte vacío.
Incluso me condicionaban para que no me excluyesen a mí también. Nunca lo permití y me enfrenté a ellos. No tuvieron más remedio que aceptarte porque sabían que a donde yo fuese, tú también irías. Eso sé que me lo agradeciste aunque nunca me lo dijiste, al menos con palabras.

¿Por qué eras así?, ¿por qué te empeñabas a dejar que los demás tuviesen una imagen de ti tan superficial, tan arrogante y exasperante?. Me lo dijiste una y mil veces y hasta ahora no lo entendí. Todo eso te daba igual, no te importaba la idea que tenían de ti, tú sabías que estaban equivocados y dejaste que creyesen lo que quisieran. Porque... "No es asunto mío, el problema lo tienen ellos". Cierro los ojos  y puedo oír tu voz pronunciando esta frase.
Yo sé cómo eres realmente, como fuiste. Conozco tu interior a la perfección, esa imagen falsa que tenían de ti era solo un espejismo, tenías algo más puro. Eras más auténtico de lo que jamás podrían imaginar. Pero ese interior, solo lo compartiste conmigo porque yo tenía la llave para acceder hasta ahí y sé que esa llave la tenía, porque tú quisiste dármela. Sé que eso era lo único que te importaba.

Tú me aceptabas tal y como era y me animabas a continuar con los sueños que construí verso a verso, palabra por palabra, pero que mantuve en secreto en un cajón cerrado porque nadie lo comprendía, solo tú. Cada vez que alguien me decía que renunciase a mi sueño por ser "ilusiones infantiles", ahí estabas tú, para darme la mano y ayudarme a dar un paso más.
Aunque reconozco a veces te odiaba con toda mi alma, porque entonces no entendía tu modo de ayudar. Como cuando leíste mi primera novela y me dijiste "Menudo ladrillo que has escrito, no entiendo cómo has podido hacer esto y sentirte orgullosa. ¿Sabes? tú lo puedes hacer mejor, si no arreglas esta "mierda infumable" nunca serás escritora".
Pero, aunque han pasado más de veinte años de eso, ahora estoy de nuevo en ello y lo conseguiré, Tarde lo que tarde y cueste lo que cueste, eso te lo juro por nuestra amistad.

Te gustaba como era yo, una cabra loca llena de proyectos e ilusiones, empeñada en cambiar el mundo usando como armas los abrazos y besos. Cantando a pleno pulmón si me apetecía, siempre sonriendo aunque por dentro estuviese rota. Pero mis heridas solo las conocías tú y se cicatrizaron a base de llorar desconsoladamente, siempre entre tus brazos.

¿Y tú? eras un "chulovaina" (¡cómo te reías cuando te llamaba así!) renegabas del amor, decías que eso era cadenas y prisión que acabarían por destrozarte. Siempre te mantuviste ajeno a los sentimientos odiabas las "pasteladas" como lo solías llamar.
Pero a pesar de todo, de vez en cuando encontraste problemas por eso. Cuando llamaban para reclamar explicaciones o te insultaban por tu manera de actuar, yo te defendía. Porque eso sí, siempre dejaste bien claro a todas las chicas que conociste y con las que estuviste, cuáles eran tus verdaderas intenciones. Con tu frase mítica de "Yo cuando voy de buffet libre, no repito plato", que fue lo más comentado por los compañeros de clase y el barrio. ¿Y qué? el mensaje era más que claro y fuiste sincero con todas. ¿De qué se quejaban después?, siempre la misma cantinela de creer que eran las "elegidas" que al fin te harían encender la chispa del amor, (supongo que notas mi sarcasmo en esta última frase, jejeje) en fin, también nos reímos mucho con esas situaciones...


Cuando crecimos, la vida nos separó. Ambos tomamos direcciones opuestas y el paso del tiempo, borró nuestras huellas. Los recuerdos de la infancia y juventud, fueron suplidos por los problemas y preocupaciones de nuestra vida adulta. Y me duele reconocer que apenas tuve tiempo para recordarte.

Hasta que el destino, que es tan caprichoso, hizo que nos volviésemos a reencontrar. Me sentí tan feliz por recuperar a mi querido amigo, fue como si una parte que tenía olvidada, una parte de mi vida, resurgiera de nuevo de un  profundo letargo.
Y aunque, lo siento pero esto sí es un reproche, yo me mantuve fiel a tal y como soy, tú habías cambiado. Bueno, cambiaste tu actitud hacia mí. No sé qué te ocurrió o por qué lo hiciste. Pero no fuiste el de antaño, no me trataste nada bien, fuiste cruel e hiriente y muy vengativo porque rechacé algo que sabías que no tenías derecho a pedir. Era nuestro juego, siempre fue un juego inocente, pero tú quisiste ir más allá. Querías solventar aquello que consideraste un "asunto pendiente".

Y aunque al principio acepté, porque te lo digo sinceramente, también sentí curiosidad. No debí aceptar tu proposición tan rápidamente porque estaba llena de dudas. Y cuando rectifiqué, ya no tenía a mi gran y querido amigo delante, en ese momento fuiste un gran desconocido.
Comenzaste a echar en cara todo cuanto hiciste por mí, ¿qué querías, que te pagase así por todo lo que hiciste por mí?  No sé por qué lo hiciste, porque ese no eras tú, tú no eres así.
Me enfadaste, me pusiste furiosa y me decepcionaste. No quise saber más de ti, quise borrarte de mi vida y mi memoria para siempre. Y casi lo consigo, pero no lo permitiste.

Te mostraste arrepentido, quisiste enmendar el error. Pero me conoces, sabes lo terca que soy cuando me dejan el orgullo herido y lo difícil, por no decir imposible, que resulta hacer que ceda o cambie de opinión.
Aún así, muy lentamente comenzaste a destruir poco a poco y ladrillo a ladrillo, el muro que construí para mantenerte lejos y desterrado de mi vida. Y aunque aún recelosa, te vigilaba sin terminar de confiar en tus verdaderas intenciones y dejé que te acercases poco a poco como una amistad recién adquirida. Hasta que muy levemente, comencé a creer que podría recuperar a mi mejor amigo e incluso, comencé a barajar la posibilidad de hacer borrón y cuenta nueva. Porque, tras quitar el velo tupido de resentimiento que puse sobre ti, podía ver durante escasos instantes, a tu verdadero yo, al que quiero como nadie entiende de qué modo lo quiero.

¿Y ahora?, no entiendo el por qué la vida nos hace esto. ¿Por qué quiso volver a unirnos para separarnos de nuevo y de esta forma tan cruel y dolorosa? ¡No es justo!.
Esta forma de la que te has ido... ¡Te lo dije, lo sabía!, siempre tuve ese temor. Tú te reías de mí cuando te confesaba mi miedo y preocupación. Siempre odié tu pasión por las motos, son peligrosas te dije ¿Cuántas veces te lo dije? infinitas.
Y eso es lo que acabó contigo, como yo predije y tú ignoraste.
¿Por qué ahora? Cuando empecé a creer que podríamos ser los grandes amigos que fuimos, que podría olvidar esa estupidez y que todo pudiese ser como antes. Porque aunque no quise admitirlo abiertamente, eres parte de mi vida y eres responsable de lo que fui y soy.

Pero recibí aquella llamada telefónica en plena noche... ¡No podía ser, no podía ser real!, Mi mente se bloqueó, me resistí a creerlo. Cerré los ojos con fuerza deseando poder despertar de aquella pesadilla. Pero fue imposible, porque es la realidad, la realidad en su estado más cruel y ruin. Tu hermano me lo repitió varias veces, acongojado a causa de mi reacción.
Pero es cierto, te has marchado para siempre y no vas a volver.

Lloré, lloré hasta quedarme sin lágrimas. Todos los recuerdos, todos los momentos juntos... los reviví en sueños y los recreaba en mi mente cuando estaba despierta. Y así durante días, incluso llegué a pensar que podría ser alguna de tus odiosas bromas pesadas, deseé que fuese eso.
Porque aún queda un asunto pendiente entre nosotros, siento un terrible remordimiento por no decirte a tiempo que ya te había perdonado, que estaba dispuesta a darte una segunda oportunidad para volver a ser lo que fuimos, los mejores amigos y que te quería, te quiero muchísimo, aunque no como muchos entendería. Porque esta forma de querer, solo ocurre una vez en la vida y no en todas las vidas ocurre.
Quise decirte que mi recelo y hermetismo, no era otra cosa que una prueba que te impuse para que demostrases hasta qué punto estabas interesado en recuperar la amistad. Quiero creer, necesito creer que, aunque no pude decirlo, tú ya lo sabías. Siempre tuviste esa habilidad conmigo ¿recuerdas?, sabías todo cuanto pensaba con solo mirarme a los ojos. Pero ya no puedo verte, es demasiado tarde.

Fuiste una parte de mi vida, conociste todos mis secretos, miedos e ilusiones. Sabías lo que sentía o pensaba incluso estando separados. Fuiste mi apoyo y también tengo que decirlo, durante un tiempo y no hace mucho de eso, fuiste mi tormento. ¿Pero, qué hermanos no se pelean? Porque eso eras para mí, no solo un amigo, eras como un hermano, mi otra mitad.

Pero, te has ido y no volverás, debo asumirlo, debo aprender a hablar de ti en pasado, aunque me duele profundamente y las lágrimas luchan por salir. Te has ido, lo debo recordar constantemente porque no puedo ni quiero creerlo. 

Y te doy las gracias, me dejaste tu legado. Aprenderé a vivir como tú lo hacías. A ser yo misma, sin máscaras, sin dejarme llevar por las normas del aparentar. A sentirme orgullosa de como soy sin importarme lo que los demás digan o piensen. Voy a levantarme cada mañana dispuesta a disfrutar el momento, hasta el último segundo.
Me has enseñado que, todos tenemos fecha. Puede ser dentro de muchísimos años u hoy mismo. No pienso volver a desperdiciar mi tiempo en banalidades. Voy a vivir y disfrutar de cada día, porque ahora sé que cada minuto es un regalo. Voy a coger tu ejemplo y ser yo misma, como solías decir: "Si actúo como los demás esperan que debo actuar, entonces, nunca tendré tiempo para vivir la vida que quiero"
Sé que estás cerca, te siento muy dentro. Si cierro los ojos, puedo escuchar tu voz llamándome, te escucho decir "Princesa..."
Nunca te olvidaré, jamás lo permitiré porque sería como olvidar una parte de lo que fui. Pero... tengo que avanzar.


Y ahora, mi querido amigo, mi hermano... He de coger una nueva llave y girarla, debo cerrar la puerta para poder continuar. Con tristeza y dolor, debo hacerlo... Debo decirte adiós.

martes, 28 de mayo de 2013

Osito Moli. (Infantil)

Moli es un osito de peluche. Vive con Estrella y siempre han estado juntos, fue amor a primera vista. Estrella era un bebé cuando lo vio en una estantería del centro comercial y lo agarró. Cuando su mamá quiso ponerlo en su sitio de nuevo, Estrella lloró tanto que mamá no tuvo más remedio que llevarse a Moli a casa.
Muchos pensamos que los ositos de peluche no piensan o no tienen sentimientos, pero no es así, sí que los tienen y Moli además tenía un sueño. Aunque lo habían fabricado para ser un osito futbolista, con su camiseta y sus zapatillas deportivas y todo, Moli deseaba ser un osito astronauta. Y se sorprendió mucho cuando supo que su dueña se llama Estrella y que además, su papá es astronauta. ¡Menuda casualidad!

Moli se sentía muy triste, aunque nadie lo notaba. ¿Cómo podemos imaginar que un osito de peluche puede tener sentimientos? Pues lo tienen y Estrella lo sabía, ella conocía muy bien a su osito y adivinaba sus pensamientos.
¿Y por qué estaba triste? Pues porque el papá de Estrella, ha sido seleccionado para ir al espacio. Ella se sentía muy orgullosa de su papá porque irá a su Estrella favorita, esa tan grande y brillante que no parpadea. Papá dice que se llama Estación Espacial, pero para ella era un nombre muy feo para algo tan bonito. Pero Moli se entristeció mucho, cuando esa noche, Estrella estuvo llorando hasta quedarse dormida. Papá se irá por mucho, mucho tiempo.

Siempre que Estrella se iba a dormir, su papá iba a arroparla y le contaba cuentos sobre otros planetas y galaxias, a papá le encantaba inventarse cuentos y a ella escucharlos. Moli también estaba encantado con esas historia y escuchaba atento. Pero las historias ya no les parecían tan bonitas y entretenidas, porque les hacían recordar que papá se irá pronto.
Mientras Estrella dormía abrazada a Moli, el osito pensaba y pensaba, Estrella tendrá a mamá para que la arrope y él tendrá a Estrella. Pero, ¿A quién tendrá papá? se quedará muy solo en el espacio.

Mamá, le propuso a Estrella que buscase algo para que papá se llevase al espacio, algo que pudiese tener cuando las echara de menos. Ella, fue corriendo a su habitación, fue una idea genial. Buscó y buscó, pero no conseguía encontrar nada lo suficientemente especial para que papá se llevase al espacio. Porque también quería demostrar con el regalo, lo mucho que lo quiere y lo recuerde cada vez que lo viese.

Moli estaba sentado sobre la cama y desde ahí, pudo ver como Estrella ponía toda su habitación patas arriba en busca del regalo perfecto. Quiso ayudarla pero no podía, aunque su interior estaba relleno de algodón y sentimientos, no podía moverse ni hablar.
Estrella casi se había dado por vencida cuando miró a Moli. El osito, sintió que su corazoncito de algodón se calentó cuando adivinó los pensamientos de la niña. Ella cogió al osito y tras darle un beso y un achuchón, salió corriendo de la habitación en busca de papá.

- Toma papá, ya lo he decidido - dijo la niña mientras le ofrecía el osito - Quiero que Moli vaya contigo, será el primer osito astronauta del mundo.
El papá abrazó a la niña con lágrimas en los ojos. Sabía lo especial que era Moli para Estrella, la niña y el osito nunca se habían separado.

La noche antes de la marcha de Moli y papá. Estrella lloró mucho porque sabía que los iba a echar de menos y no ya no estaría su osito para consolarla con sus cálidos abrazos.
Moli miraba con tristeza a la niña, ¡cómo le hubiese gustado decir todo cuanto quería para consolarla!, pero no podía. Porque, aunque tiene sentimientos, no puede hablar. Pero se consolaba diciéndose a sí mismo, que ella sabía cuánto la quería.

Y llegó la hora de la marcha. Estrella abrazó a su papá durante muchos, muchísimos minutos y después, achuchó a Moli con todas sus fuerzas. Les decía una y otra vez que les echará mucho de menos e intentaba ser fuerte para no llorar, no quería que ellos también se entristeciesen más de lo que ya estaban.
Papá se arrodilló frente a Estrella, le quitó una de las zapatillas rojas del osito y se lo dio a la niña.
- ¿Recuerdas que siempre me decías que Moli en realidad quería ser astronauta como yo? - preguntó papá.
- Sí, pero lo tocó ser futbolista aunque a él no le gustaba- Estrella asintió con la cabeza mientras acariciaba la zapatilla de su osito.
- Pues Moli va a cumplir su sueño ¿verdad?
- ¡Es verdad, ahora Moli será un osito astronauta! - Exclamó Estrella con una amplia sonrisa.

Papá y Moli entraron en la nave espacial y volaron hacia las estrellas. Esa noche, la niña miró hacia el cielo buscando su estrella favorita, la brillante que no parpadea. Allí estaba papá y Moli.
Se sintió muy orgullosa de su osito y ella también quiso ser como él. Mientras Estrella se quedaba dormida pensó en Moli y la lección que le había enseñado...
"No importa que digan cómo debes ser. Lo que importa es cómo quieres ser tú. Si lo que quieres es hacer otra cosa, demuestra que puedes y no pares de luchar. Porque al final, si te esfuerzas y lo deseas, tus sueños se podrán cumplir"

Pudo ser y no fue

XXXVI

Pude ver el cielo abrirse para mí, 
sentir la grandeza, la eternidad,
la calidez de su Astro sobre mi piel,
la inmensidad del infinito placer.

Pude sentir ser ángel y así volar,
extender alas de cera y despegar,
desprenderme de la cruel realidad,
todo cuanto yo anhelaba vislumbré.

Pude alcanzar mi sino y no pudo ser,
la cruenta realidad me despertó,
mis alas de cera al Sol se derritieron,
cayendo de ellos, despojos de mis sueños.

Pude sentir la victoria en mi destino,
pero fue otro sueño del que desperté,
caí desplomada de nuevo en el barro,
mi deseo en mil fragmentos estalló.

Pudo ser mi destino pero no fue,
recojo los pedazos de mi fracaso,
son ahora, escombros y desilusión,
El cielo se cerró, pudo ser y no fue.

lunes, 27 de mayo de 2013

Citas I

"Los pensamientos son efímeros si no los transformamos en palabras. Las palabras, si las soltamos sin más, se las lleva el viento. Pero si se escriben, entonces... Las palabras y los pensamientos, podrán ser eternos" 
....................
"No importa el número de éxitos que logres en la vida. Celebra todos y cada uno de ellos con el mismo entusiasmo que el primero, nunca sabrás cual será el último"
....................
"Nuestra mente es libre e infinita, no permitamos que nos dobleguen y manipulen. La resignación y la conformidad, es el arma más contundente para destruir el libre albedrío" 
....................
"Los problemas son como un grano en el culo, si no quieres que te moleste, no te quedes sentado"
  ....................
"La forma más rápida para autodestruirse, es dejar que el orgullo guíe nuestros pasos"
 ....................
"Minimiza las preocupaciones y engrandece los pequeños detalles que te hacen sonreír, ese es el primer paso para la felicidad"
 ....................

"Nunca permitiré que los errores del pasado, interfieran mi presente para que me jodan el futuro"

miércoles, 22 de mayo de 2013

Tierra (A Federico G. Lorca)

XXXV

Tierra, tan solo tierra.

De granate tú quedaste impregnada,
absorbiste su aroma mortal,
no quieres esa vida que aún queda,
callas así la gesta medieval.

Tierra, tan solo tierra.

Inerte como tú, sobre ti, él cae,
le recibes cubriendo su piel,
rozas sus labios con sabor a hiel,
amas ese olor a muerte que te atrae.

Tierra, tan solo tierra.

Desprecias esa afrenta cometida,
pero no te importa la razón,
quien a ti va, no le das opción,
presos en tu morada, no cabe huida.

Tierra, tan solo tierra.

¿No te importa lo que sobre ti ocurre?
¿No te conmueven los lamentos?
¿No sientes el odio en el aire?
No, claro que no, porque tan solo eres...

Tierra, tan solo tierra.

domingo, 12 de mayo de 2013

¿Quién?

XXXIV

Cuando es el poeta quien llora,
Cuando la salina quema su piel,
Cuando la tristeza le domina.
¿Quién sus lágrimas secará?

Cuando muda quede su garganta,
Cuando se seque la tinta de su pluma,
Cuando no le quede más papel,
¿Quién un verso por él escribirá ?

Cuando no encuentre la luna,
Cuando se marche la inspiración,
Cuando su don preciado se pudra,
¿Quién en busca de musas irá?

Cuando el tiempo pase impasible,
Cuando los eones caven su final,
Cuando siquiera su recuerdo quede,
¿Quién un poema le dedicará?

viernes, 10 de mayo de 2013

El bosque maldito. Parte IV (Terror)

La sopa se había quedado fría, me quedé tan absorto al escuchar lo que el anciano me narró, que me olvidé incluso de comer. Tenía que reconocer que había sido una historia bastante buena, ya estaba deseando contárselo a mis amigos. Al pensar en ellos, me invadió el desánimo, la tormenta aún no había remitido. Tendría que permanecer aquí más tiempo contra mi voluntad, pero no tenía alternativa.
El anciano pareció adivinar mis pensamientos, con una sonrisa que se antojó de alivio, se puso en pie y me sirvió un nuevo cuenco de sopa caliente. Agradecí el gesto con un leve movimiento de cabeza.

Mi benefactor se interesó por mí, quiso saber qué es lo que me había traído hasta aquí en una noche como esta. Entre sorbo y sorbo, le expliqué que había quedado con mis amigos para pasar con ellos el fin de semana, que lo haríamos en un refugio que se encontraba más allá del bosque, cerca de un lago. Mi coche se averió y como no disponía de cobertura para avisar y que me socorriesen, decidí atravesar el bosque con la intención de llegar al otro lado antes que anocheciese, pero fue cuando comenzó la tormenta y me desorienté hasta acabar perdido y finalmente le hallé a él.
El anciano se quedó un momento en silencio y pensativo, negó levemente con la cabeza y murmuró algo inteligible, solo pude captar la última frase que hizo que se erizara los vellos de la nuca, "nada ocurre por casualidad, el bosque siempre llama" 

La tormenta amainó y consulté mi reloj, aún faltaban dos horas para el amanecer. Me calcé las botas con mucho sigilo, el anciano dormitaba en una butaca. No quise despertarlo por temor que me impidiese salir de la cabaña. Reconozco que ese anciano, me produce más escalofríos que el temor de volver a perderme de nuevo. Tras ajustarme el chubasquero, salí a hurtadillas de la cabaña. La lluvia aún caía, pero apenas con fuerza, eso me despejó casi al instante, aún estaba algo adormilado a causa de toda la noche en vela.
Me introduje en el bosque, pero esta vez, tuve mucho cuidado de no perder de vista el sendero...

Termino de contarme a mí mismo todos los acontecimientos que me han llevado a este momento, siempre lo hago cuando camino sólo. Resoplo ruidosamente, ya hay claridad en el cielo pero el bosque continúa en penumbra y compruebo con gran pesar, que aún me queda un buen trecho. Escucho un sonido lejano, como un siseo. Miro a mi alrededor angustiado, no me muevo ni un ápice y agudizo todos mis sentidos que están a flor de piel. Nada, no ocurre nada, solo puedo escuchar los violentos latidos de mi corazón.
"Maldito viejo, con sus estúpidas historias, me ha metido el miedo en el cuerpo el muy..."
Continúo mi camino, pero esta vez aprieto el paso, quiero abandonar este sitio cuanto antes mejor. Un lamento ululante resuena a mis espaldas, ahora sí, ahora sí que lo escucho con claridad.
Tiro mi mochila y me dispongo a correr, no puedo...

Cuatro figuras fantasmales emergen ante mí, el miedo domina y paraliza hasta el último músculo de mi cuerpo. Compruebo que cuanto mayor es mi miedo, más opaco es su aspecto, intento controlar mi mente me digo que no son reales. Es imposible, esto no puede estar ocurriendo.
Me rodean y lanzan un aullido que no puedo compararlo con nada conocido. Grito, grito con todas mis fuerzas pero mi voz suena lejana en mi interior. Me están absorbiendo el alma y duele, es el dolor más horrible que nunca he sentido. Soy consciente que estoy muriendo, no quiero morir. Mi cuerpo se vuelve rígido y mis ojos arden. No puedo ver, ya no siento nada, todo es ahora oscuridad.

jueves, 9 de mayo de 2013

El bosque maldito. Parte III (Terror)

"... Un aldeano se adentró en el bosque tras una cabra que vio desaparecer en su interior. La promesa de carne fresca, le hizo ignorar que la noche y la tormenta se cerniría sobre él antes de poder regresar.
Tres días pasaron y aún no había regresado, preocupados, algunos se congregaron para buscarle. No tardaron mucho, le hallaron inerte. Su cuerpo, agarrotado y seco, sus ojos en blanco que parecían querer salir de sus órbitas y la expresión de su faz, indicaron que había muerto de miedo. Sin llegar a ninguna conclusión, le llevaron de vuelta a la aldea para concederle un entierro digno y una oración por su alma.

Uno a uno, todo aquel que por un motivo u otro, se adentraba en el bosque de noche y bajo amenaza de tormenta, iban apareciendo muertos. Todos y cada uno de ellos, tenían marcado en sus facciones el miedo en estado puro.
Pensando que podría tratarse de alguna bestia, organizaron una partida de caza, pocos fueron los voluntarios, solo los más aguerridos se atrevieron. Un muchacho que frustrado por ser excluido a causa de su juventud, siguió a escondidas a la comitiva.
Ese muchacho fue el primero en verles, su instinto de supervivencia le guió al hueco de un árbol podrido y tras ocultarse con unas ramas, observó sin creer lo que se ofrecía ante sus ojos. El pánico y el temor a ser descubierto, mudó su garganta.

Cuatro sombras etéreas emergieron del suelo, sus ropajes raídos bailaban al son macabro del viento. No tenían rostro, tras esa capucha que cubrían sus cabezas, solo había la más absoluta oscuridad. Emitían un lamento ululante cuya procedencia era más allá de lo terrenal. Avanzaron sin caminar, levitando a escaso un palmo del suelo y rodearon a los aldeanos, que presos del pánico, se cerraron en círculo espaldas contra espaldas.
Al principio no hicieron nada, durante un tiempo que pareció infinito, permanecieron inmóviles, sus espectrantes siluetas se volvían más nítidas a medida que el horror de los aldeanos iba creciendo. Parecía que ese mismo miedo era lo que los alimentaba.
"Son los hermanos" dijo uno de los aldeanos casi con desesperación. 

Entonces, los cuatro espectros, lanzaron un aullido que congeló la sangre del obligado espía. Pudo ver cómo una densa niebla blanca y brillante, emanaba de la boca de los aldeanos mientras desgarraban sus gargantas con un grito de dolor y desesperación. Sus almas fueron absorbidas hasta dejar sus cuerpos secos y momificados, con la macabra visión del miedo en estado puro en sus ojos casi fuera de sus órbitas y completamente blancos. 

La tormenta arreció y los espectros comenzaron a desaparecer tenuemente, como si la lluvia los borrase poco a poco. El muchacho permaneció inmóvil en su escondrijo toda la noche. Rezó por su salvación hasta que el alba despuntó y solo cuando el sol estaba en lo más alto, decidió salir y regresar a la aldea. Corrió como si la vida le fuese en ello y así es como lo sentía.

Contó todo cuanto había visto, juró por Dios y su honor, que era cierto. Pero los aldeanos no quisieron creerle. Pero lo que en realidad negaban, era la certeza que ese es el castigo con la que la aldea ha sido condenada a causa del ultraje cometido con los cuatro hermanos años atrás. Por mucho que lo negasen, en el fondo sabían que la historia del muchacho es real como reales son las víctimas del bosque maldito.

Desde entonces, nadie se ha atrevido a adentrarse en el bosque cuando amenaza la tormenta. El origen de la maldición se ha ido trasmitiendo de boca en boca, generación tras generación. Esa leyenda es el legado que dejaron los abuelos de nuestros abuelos. Y nunca debemos permitir que caiga en el olvido. El bosque está maldito y todo aquel que en él se adentre, estará condenado a morir de la forma más horripilante."

(Continuará...)