jueves, 14 de julio de 2016

Ouija (1 de 2)

El tema de conversación era nuevamente sobre los espíritus, demonios y demás temas paranormales. Cada cual contaba una anécdota que aseguraba ser real y siempre iniciado con "el amigo de un amigo..."
Ramón era en ese momento el único chico del grupo ya que los demás no habían venido y parecía que no lo iban a hacer. Así que él, como siempre solía hacer, aprovechó para hacerse el "gallito" delante de las chicas. Cuando terminó la tercera historia, Sonia se estremeció sintiendo un escalofrío y comentó que no le agradaba esa conversación porque le daba mucho miedo.
Ramón se envalentonó más aún y se mofó de ella presumiendo de ser completamente escéptico. Que eran sugestiones y que todo estaba en la mente.

Cayeron un par de gruesas gotas de lluvia. Y se pusieron en camino, habían quedado para ir a casa de Elena para hacer una sesión de ouija, pero los demás no habían llegado aún y no se vaticinaba una buena tarde para esperarles. Las tormentas de verano suelen ser muy fuertes.
- Se habrán "rajado" - se burló Ramón - Y luego presumen de ser machos alfa.
- A mí tampoco me hace gracia - musitó Sonia - Sólo acepto porque tú vienes.
Ramón sonrió ampliamente y aprovechó la zozobra de Sonia para darle un abrazo de ánimo con aire protector.
Aunque su mirada reflejaba otro tipo de brillo. Elena vivía en una casa de tres plantas donde en verano vivía su madre y ella solas, en invierno la casa se llenaba de estudiantes que alquilaban las habitaciones. Además de usar su casa como pensión, la madre de Elena trabajaba de enfermera y las noches en las que tenía guardia, daba permiso a su hija para que toda la pandilla se quedase a dormir y así se quedaba con la tranquilidad que su hija no se quedaba sola.
Por eso Ramón estaba tan animado y envalentonado. Porque además de ser el único chico que estuviese con ellas, todo parecía apuntar que al fin tenía una oportunidad de enrollarse con Sonia. Era la única que aún no había besado y por lo que decían, tenía algo que enganchaba.

Ese grupo de amigos era algo inusual, al menos a los ojos de todo el instituto. No era un secreto que estaban todos revueltos pero no juntos, es decir que se "enrollaban" los unos con los otros sin sentirse comprometidos ni atados a nadie.
La filosofía que tenían era simplemente de disfrutar de su juventud sin ataduras, compromisos ni relaciones estables, simplemente, vivir el momento. Y era algo que todos llevaban muy bien ya que al no haber apego, no hubo nunca rencillas ni celos por parte de nadie. Y si lo había, pues tampoco decían nada porque las cosas estaban más que claras entre ellos.

Sonia se dejó agasajar por Ramón y éste estaba cada vez más seguro de su victoria. Ella siempre había rechazado sus proposiciones y él estaba convencido que era porque Sonia sentía algo más por él y no quería que sus sentimientos estropeasen la amistad. Incluso había declarado su afirmación con Álvaro, el mejor amigo de Sonia y quien mejor la conocía. Y éste, en lugar de negarlo rotundamente, cambiaba de tema drásticamente con cierto ápice de celos lo cual, llevaba a Ramón creer en la certeza de sus suposiciones.

Prepararon el comedor para crear mejor ambiente, repartieron velas por toda la estancia y se sentaron al rededor de la mesa redonda con una tabla casera de ouija hecha con un trozo de cartón con el alfabeto escrito a mano y las palabras "SI", "NO", "ADIÓS". Cogieron un vaso pequeño Ramón junto a las cuatro chicas del grupo, se dispusieron a iniciar la sesión. 
- ¿Quién invoca? - preguntó Elena.
- Yo no - Sonia se apresuró a responder con rotundidad - A mi me han contado que si esto sale mal, el espíritu atormenta a quien le haya invocado.
- Pues yo tampoco - añadió Raquel
- Y yo menos - sentenció Miriam.

Las cuatro chicas miraron a Ramón esperando una respuesta. Él se sintió más crecido, no sólo iba a pasar la noche bajo el mismo techo que ellas. Además, no estaban los chicos que siempre tenían la manía de tomarle el pelo y ridiculizarle cada vez que quería lisonjear a las chicas.
Él era consciente de que físicamente se podía considerar "del montón" pero estaba convencido de que tenía una atracción encantadora que le hacía irresistible. Y las chicas, sobre todo Sonia, se burlaban de él como un mecanismo de defensa.
- Yo invocaré - anunció Ramón - Tranquilas chicas, no dejaré que os ocurra nada.

Todos apoyaron el dedo índice sobre el vaso de cristal. Seguramente sería por sugestión, pero pareció que la temperatura de la habitación había descendido un par de grados. Ralentizaron la respiración y Ramón carraspeó un par de veces para poder aclararse la voz.
- Espíritu. Yo te invoco e invito a acudir ante nuestra presencia. Ven... ¿Estás aquí?
Todos esperaron expectantes con la mirada fija en el tablero casi conteniendo el aliento. Pero tras unos segundos de espera, no ocurrió nada.
- Espíritu. Yo te invoco e invito a acudir ante nuestra presencia. Ven... ¿Estás aquí.
Ramón repitió la frase para iniciar el juego pero con una entonación más solemne, pero para el fastidio del grupo el resultado fue el mismo.
- Esto no funciona, es una tontería - dijo Elena con intención de levantarse.
- ¡No quites el dedo! - exclamó Sonia - Si abres el circulo, el espíritu quedaría liberado.
- Joer, qué susto me has dado tía - rió Elena - Te estás rayando tela, será mejor que...

Elena enmudeció al instante al ver cómo el vaso se deslizaba lentamente hacia la palabra "SI", inmediatamente, volvió a poner el dedo sobre el vaso y miró con aire acusador a sus amigos.
- Lo estáis moviendo.
- No, no - contestaron todos casi al unisono.
- ¿Está funcionando?
- Eso parece
- Pero Elena ha roto el círculo. El espíritu ha entrado con una puerta abierta a nuestra dimensión.
- No, no. Yo he puesto el dedo en cuanto he visto que se movía. Eso cuenta ¿no?

Las chicas miraron a Ramón esperando una respuesta. Él sonrió de modo condescendiente y negó con la cabeza con aire conciliador.
- No os preocupéis. No pasará nada. - Miró al tablero y prosiguió con el juego - ¿Cómo te llamas?
- T-U L-O S-A-B-E-S
- ¿A quién se lo dices?
El vaso se deslizó lentamente y se quedó parado justo delante de Ramón, seguidamente, retrocedió al centro del tablero y volvió a apuntarle dos veces más.
- Yo no sé tu nombre.
-SI
- Esto me está dando algo de grima. - murmuró Sonia - ¿Y si preguntamos otra cosa?
- ¿Cómo has muerto? - preguntó Elena.
- NO M-U-E-R-T-O
- Esto sólo significa algo - susurró Miriam con cierto aire de preocupación - Que es un demonio.
- No digas eso ni en broma - musitó Ramón con un hilo de voz, toda su fortaleza comenzó a flaquear -Venga chicas, si esto es una broma no tiene gracia.
- Si es cierto que hay alguien aquí, que de una señal - ordenó Raquel.

Todos guardaron silencio esperando expectantes. Entonces, la mesa dio un salto que hizo que todos exclamasen sorprendidos y algo asustados. Se miraron los unos a los otros con aire acusador, pero ninguno reconoció la autoría de esa acción.
- Me estoy asustando - dijo Miriam.
- ¿En serio que no sois vosotras? - insistió Ramón con un ápice de temblor en su voz.
- Si es cierto que hay alguien aquí, que de una señal fuera de esta habitación - ordenó Elena a modo de respuesta.
Volvieron a guardar silencio manteniendo todo el cuerpo en tensión. Entonces, se escuchó desde la cocina un ruido estrepitoso, como el de un vaso romperse tras impactar contra el suelo. Todos gritaron, incluso Ramón que se olvidó de aparentar delante de las chicas.
- Tenemos que hacer que se marche - dijo Elena con un hilo de voz.
Ramón recitó la frase para terminar la sesión, pero el vaso en vez de deslizarse hacia la palabra "ADIÓS" lo hizo hacia el NO. Él volvió a recitar la orden, pero el vaso volvió a indicar una negativa. Por tercera vez y en esa ocasión con tono autoritario y casi gritando, Ramón volvió a repetir la frase. El vaso comenzó a puntear "NO" repetidas veces y a cada negativa el vaso iba cada vez más y más rápido. Ramón estaba pálido, a Elena se le saltaron las lágrimas, Raquel y Miriam alternaron casi al borde de la histeria la orden para que esa presencia abandonase el juego. Entonces, Mirian gritó con desesperación.
- ¡Para, para para! - retiró el dedo del vaso.
- Sonia, no abras el círculo.
- ¡Quiero que pare de una vez! - chilló ella a la vez que agarró el tablero.
- ¡¡¡Sonia nooooooooooooo!!! - gritaron todos a la vez.
Pero ella los ignoró y a pesar que Ramón se abalanzó sobre ella para recuperar el tablero, no llegó a tiempo para detenerla. Y ella partió el tablero de cartón en dos ante la mirada de sorpresa, miedo e incredulidad de sus amigos...
(Continuará)


sábado, 9 de julio de 2016

Capítulo Quinto (2 de 2) Tras la sombra del pasado. Parte primera. La huida.

[...] Fred continuó viendo el vídeo, lo ponía una vez tras otra y la rabia iba en ascenso. Se sintió estúpido y utilizado. Las preguntas se iban agolpando en su cabeza. ¿Quién era ese tío? ¿Un novio que ha venido a visitarla? ¿Qué estarían haciendo ahora? ¿Clara se había estado riendo de él? ¿Le habría invitado aprovechando que su primo no había llegado y así no tener ningún adulto que les vigilase?
Sintió el deseo imperativo de llamarla por teléfono, pero cayó en la cuenta que Clara no le dio su número. Tenía miedo de conocer una verdad que no deseaba saber. Era para volverse loco, salió de casa decidido a tirar la puerta de Clara abajo. Mientras caminaba con paso firme, se imaginó a sí mismo exigiendo explicaciones. Pero cuando estuvo frente al jardín de Clara, se paró en seco.
- ¿Qué estás haciendo? - preguntó para sí en voz alta.

Podría armar un número, pedirle explicaciones a Clara, le diría cosas que en realidad no quería decir y lo más seguro es que acabase a puñetazos con ese tío, que era lo que deseaba hacer en aquel momento, pero... ¿Para qué? No serviría de nada. ¿Sería ese tío el motivo por el que ella le exigió que no le preguntara por su pasado? Posiblemente eso era lo que ella tenía planeado, un juego a dos bandas, pero su juego se haya estropeado por aparecer ese nota aquí por sorpresa. Y de todas formas, él y Clara no habían hablado sobre formalizar una relación, sólo se habían dado un beso en un momento que ella estaba desanimada. Se había hecho ilusiones muy pronto.

Volvió sobre sus pasos mientras recordaba el fin de semana en la Sierra, la mirada de Clara parecía tan sincera... Y a pesar de lo que había visto, sus sentimientos seguían intactos y se resistió pensar que ella le había mentido, era imposible que Clara sea de las que juegan como Susana o "Machi". Pero la evidencia estaba ahí, aunque no le cuadraba nada, a no ser que Clara sea una manipuladora nata.

Susana salió al jardín en cuanto vio pasar a Fred frente a su casa. Se quedó a la espera para saber qué iba hacer él. Se sintió algo decepcionada al ver que se echaba atrás, aunque tampoco le extrañó porque su amigo no era de meterse en peleas, más bien las evitaba. A ella, ese tipo de situaciones le encantaban. Pero no podía dejar que las cosas se enfriasen, al menos mientras ese chico nuevo esté con Clara.
- De verdad que lo siento Fred, pero tenía que enseñarte el vídeo - Susana apretó el hombro de Fred con un gesto cariñoso.
- ¿De verdad que lo sientes Susana? - Fred la miró con desconfianza - Nos conocemos, tú disfrutas con estas movidas.
- Merezco que me hables así, pero sólo quería ayudar. Te debo una por utilizarte en el pasado para mis juegos y aunque no lo creas, todavía me siento mal por eso.
- Eso está más que superado y olvidado. Y te dije que nunca volvieses a sacar el tema.
- Sí ya habías perdonado y seguimos siendo amigos, por eso te he enviad el vídeo, porque sé de sobras que si te lo hubiese contado no me ibas a creer. Eso lo sabemos los dos.
- En eso tienes razón, pero tú te lo has buscado.
- Pues por eso he grabado a Clara, me da rabia que vuelva a ocurrirte de nuevo. No te mereces que vuelvan a querer jugar contigo, eres demasiado bueno.
- Susana, no tires por ahí porque no es lo mismo. Lo de Clara es otra cosa muy distinta, algo que tú eres incapaz de comprender. Para eso hay que tener sentimientos.

Susana fingió sentirse dolida y bajó la mirada contrayendo los labios intentando provocar un brote de llanto. Fred se sintió culpable, se había pasado, toda la firmeza inicial se desinfló y suspiró con derrota.
- Perdóname, ahora mismo no soy yo el que habla. Estoy muy cabreado y no quiero pagarlo con nadie. Pero el vídeo de las narices me ha dejado hecho polvo, creí que Clara era de otra manera.
- No te preocupes, ya estoy inmunizada a esa forma de hablar gracias a "Machi". Somos amigos y es lo que cuenta ¿no? De todas formas, ¿qué sabemos realmente de ella? Si lo piensas un momento, en realidad no nos ha contado nada de sí misma, sólo ha mostrado una cáscara.
- Peor me gustaba lo que había mostrado. Me he pillado por ella hasta la médula.
Fred frunció los labios y la abrazó con derrota. Susana le respondió diciendo las típicas frases de ánimo, porque consolar no era su fuerte.
- Perdona por los clichés, pero no sé cómo animarte.
- Gracias por el intento Susana - Fred sonrió levemente - Viniendo de ti, me lo tomo como lo más sincero que me hayan dicho nunca.

Ella le rodeó la nuca con ambos brazos y no retuvo el deseo de besarle en los labios. Fred la rechazó con fastidio y le dio la espalda despotricando con enfado mientras se alejaba.
- ¡Joder tía, nunca cambiarás, déjame en paz! No estoy ahora para tus tonterías.
- Tranquilo chico, que sólo era un beso para animar - Susana rió con soltura - Eres como Ana, te tomas las cosas muy a pecho. Un beso sólo tiene la importancia que se le quiera dar.
- ¡Lo que tú digas! - respondió Fred mientras entraba en su jardín - Pero no estoy para tus tonterías.
Fred entró en su casa y fue directamente al jardín trasero, no se podía quitar de la cabeza la imagen de Clara abrazando de ese modo a  aquel chico. Se sentó en el suelo con la espalda apoyada al muro, quería estar furioso pero no podía, se sentía hundido y muy triste. Lo que vivió con Clara, fue un momento muy fugaz pero bastó para dejarle una marca muy profunda. Comprendió que no sólo estaba pillado por ella, era mucho más, se había enamorado profundamente y para nada.

Ana se ganaba un dinero extra paseando a los perros de los vecinos y estaba regresando a casa cuando se topó con la escena. Cuando llegó junto a Susana, Fred ya se había metido en su casa.
- ¿Se puede saber a qué estás jugando ahora, Susana? - preguntó bastante molesta.
- Yo no juego a nada - se encogió de hombros - Es él quien me ha abrazado.
- Ya, claro. ¿Y el beso también ha sido cosa de Fred? No me tomes por tonta que nos conocemos.
- Lo del beso ha sido un acto reflejo - Susana sacudió sus rizos con picardía - Es que es tan tierno cuando se entristece que no he podido evitarlo.
- Susana, creí que había quedado claro que esos juegos se quedarían fuera del grupo.
- Mira, Princesita. No te metas en mis asuntos.

Susana regresó a su casa caminando con altivez y dejándola con la palabra en la boca. Ana se quedó perpleja. "Yo lo flipo. Encima se hace la ofendida, esta tía es la leche" pensó para sí. 
Regresó a casa rápidamente para poder llamar a Fred para que explicase qué ha ocurrido realmente. Porque de Susana no le extrañaba pero sí de él. Además, parecía muy hundido y hace un par de horas estaba tan normal ¿Qué habrá pasado? Si Susana estaba detrás de todo, significaba que iba a haber problemas. 
Fue inútil ponerse en contacto con él, Fred tenía el teléfono apagado y no estaba conectado en ningún sitio. Decidió esperar para pillarle en el instituto porque todo esto era muy raro y con Susana en medido de la ecuación, significaba que iba haber más problemas.


Capítulo Quinto (1 de 2) Tras la sombra del pasado. Parte primera. La huida.

Llegó el final de las vacaciones de verano, al día siguiente comenzaría oficialmente el año académico. Pasaron todo el día en casa de Clara, viendo películas y escuchando música. A medida que caía la tarde, los ánimos estaban cada vez más mermados. Juan se marcharía con su madre y hermana a Córdoba, ya sólo se podrán ver en vacaciones y algún fin de semana que otro. Fred era el que peor estaba llevando la despedida. Juan era su mejor amigo, desde pequeños fueron inseparables. Pasaron gran parte de la tarde charlando en el jardín recordando anécdotas de la infancia. 
Clara los observó a través del cristal de la puerta corredera, quiso ir para intentar animarles, pero "Machi" se lo impidió.
- Déjales un rato más a solas, necesitan este momento.
- Pero...
- Haz caso a "Machi", Clara - Ana sonrió levemente - Él nunca se equivoca con sus suposiciones. Juan y Fred siempre fueron uña y carne y necesitan despedirse a solas.
Clara asintió en silencio e intentó prestar atención al juego de mesa, pero no era la única que le costó centrarse. El resto del grupo, también estaban pendientes de esos dos. Realmente era un día triste para el grupo, era la primera separación que habría desde que se conocieron.

Juan miró la hora y resopló con fastidio. Fred intentó animarle con una sonrisa pero el gesto le quedó un tanto falso.
- Siento que te marches Juan, me voy a quedar muy solo. Todavía no te has ido y ya te estoy echando de menos.
- Vamos tío, que el que se va a quedar solo voy a ser yo. No conozco a nadie en Córdoba a excepción de mis primos y al menos tú te quedas con las chicas y "Machi" y ahora también tienes a Clara.
- Las chicas son chicas y Clara es estupenda. ¿Pero a quién pediré consejo?
- No dramatices - Juan se rió a carcajadas para aliviar tensiones - A ver, tenemos Whatssap, Facebook, Skype, teléfono... Podemos hablar a diario y a todas horas.
- Pero no será lo mismo y lo sabes.
- ¿Y qué pasa con "Machi", crees que te dejará tirado?
- Sabes que es buen colega y nos reímos mucho pero como amigo no puedo contar con él y mucho menos tenerle como un hombro a quien arrimarme. Desde aquello que pasó hace dos veranos, nuestra amistad perduró pero se quedó tocada y lo sabes. Además, no se toma nada en serio y le encanta tocarme las narices todo el tiempo.
- ¿Pero todavía le guardas rencor por eso? - Juan le miró con asombro - Se pasó tres pueblos lo reconozco, pero tú estabas amargado y creo que en realidad te hizo un favor.
- No, rencor no le guardo. Puede que yo no estuviese bien y todo lo que quieras, hasta ahí vale y seguramente hubiese sido otro el que me jodiera, pero el caso es que fue "Machi". El pasado en el pasado queda, pero entiéndeme.
- Te entiendo perfectamente. Has perdonado pero no olvidado.
- Exacto.
- Pero no voy a desaparecer, estaré siempre aquí, de otro modo vale, pero cuando me necesites...
- Lo sé pero me va a resultar raro estar en el instituto sin verte.
- Juer tío, al final me vas hacer llorar y a ti poco te falta. A ver quién es el guapo de frenar a "Machi" si nos pilla con esta guisa.
Fred rió con ganas y ambos permanecieron en silencio, sumidos en los recuerdos y buscando palabras de ánimo que ninguno podía expresar con sinceridad.

Regresaron al salón en silencio. "Machi" decidió poner fin a las caras largas haciendo uso de su vasto repertorio de chistes. Su modo de narrar, sumado a sus gestos y muecas, hicieron estallar a carcajadas a todos. A Clara le comenzó a doler las mandíbulas de tanto reírse. Estaba completamente integrada, sentía como si siempre hubiese pertenecido a ese grupo de amigos y así era como los demás la trataban.
Llegó la hora de las despedidas que ninguno quiso prolongar demasiado porque no querían echarse a llorar, sería un mal recuerdo para todos.

Desde el jardín delantero de su casa, Clara observó cómo sus amigos se marchaban a sus respectivas casas. Era una suerte que sus únicos amigos también fuesen vecinos, bueno, todos excepto "Machi" que vivía en un bloque de viviendas cerca del instituto, aún así estaba relativamente cerca. Ana vivía frente a ella, Susana justo al lado y Fred, en la calle paralela a la suya.

Se fijó en el jardín de Ana, perfectamente decorado y cuidado, empezó a fantasear con convertir su jardín de gravilla en algo parecido. Se entretuvo en arrancar los hierbajos intentando adecentar imaginando un resultado final. Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no se percató que alguien se le acercó con sigilo a sus espaldas quedando parado detrás suya observándola con detenimiento. 
- Hola Pequeñaja - dijo una voz muy familiar para ella - No sabes lo mucho que te he extrañado.

Clara reconoció la voz al instante y levantándose rápidamente, se lanzó a sus brazos sin poder controlar el llanto provocado por la emoción. Jesse la abrazó con ímpetu e intentó tranquilizarla susurrando palabras de aliento mientras besaba su frente con ternura y acariciaba su sien con los pulgares. Ella sollozaba aferrada a su primo, al fin había llegado.
- Estaba muerta de miedo por ti, casi me muero de preocupación.
- Lo sé Pequeñaja, lo sé. Ojalá hubiese podido ser de otro modo - Jesse intentó tranquilizarla pero él también estaba emocionado - Anda, entremos en casa, tenemos mucho de qué hablar.

Susana esperó que ambos desaparecieran de su ángulo de visión para comprobar lo que había grabado con su teléfono móvil. Estaba asomada en la ventana de su habitación fumando un cigarrillo cuando se encontró con aquella escena. Entró dentro y esperó que se encendiera el ordenador sonriendo con malicia a la vez que marcaba su teléfono.
- Fred soy yo, enciende tu ordenador que quiero enseñarte algo por Skype - se esforzó para que su voz sonase preocupante.
Esperó unos segundos y cuando se abrió la ventana que comunicaba que Fred se había conectado, colgó el teléfono y se colocó los auriculares.
- ¿Qué tripa se te ha roto ahora? - preguntó Fred a través de la pantalla con bastante curiosidad.
- Espera y verás, te envío un vídeo que he grabado ahora mismo. Esto ha ocurrido hace unos minutos. Al parecer tu novia no es tan santurrona ni tan tonta como parecía.
Fred se extrañó ante tal comentario y descargó el vídeo que había recibido. Permaneció en silencio intentando asimilar la imagen que ante él apareció en la pantalla. Susana reprimió una sonrisa satisfactoria al ver la expresión de su amigo.
-¿Pero qué es esto? - exclamó - ¡No me lo puedo creer!

Susana quiso responder pero Fred se desconectó sin más. Ella volvió a poner el vídeo usando la pantalla completa de su ordenador y detuvo la secuencia del vídeo para poder ver detenidamente al chico que Clara abrazaba. Se preguntó quién podría ser, era bastante guapo y estaba cañón. Parece un poco mayor pero accesible. Se suponía que Clara no conocía a nadie aquí, pero era evidente que a ese chico sí y al parecer bastante bien.
Había mucha confianza entre ellos. Hizo una captura de pantalla y amplió todo lo que pudo para ver mejor la cara de ese chico. Sonrió levemente mientras se mordió el labio inferior. Tenía que reconocer que ese chico no estaba nada mal.
- Lo siento "Machi", he ganado - dijo entre dientes mientras entre cerraba los ojos sonriendo con malicia - Este año, la carne fresca es para mí. La letra pequeña no especificaba que nos nuevos conocidos deban ser del instituto. [...]



viernes, 8 de julio de 2016

Capítulo Cuarto (2 de 2) Tras la sombra del pasado. Parte primera. La huida.

[...] Clara suspiró profundamente y se le ensombreció el semblante. Miró a Fred fijamente, él se sintió intimidado por la expresión autoritaria que se tornó y sus penetrantes ojos verdes le turbaron aún más si cabía.
- Puede que resulte extraño lo que te voy a pedir, pero necesito que me prometas algo.
Fred asintió con la cabeza algo confuso. Clara tragó saliva despacio y buscó las palabras adecuadas.
- Prométeme que nunca me preguntarás por mi pasado o lo que hacía antes. Es algo que quiero olvidar, fue muy duro para mí. No puedo decir nada más pero necesito que confíes en mí porque algo me dice que eres de confianza. ¿Me lo prometes?

Fred se quedó perplejo por su reacción, supuso que necesitaría ganar su confianza para que ella pudiese explicarse un poco mejor, pero la exigencia de esa promesa incrementó su curiosidad. No obstante, se sintió halagado por esa semi confidencia.
- Te lo prometo, tranquila, puedes confiar en mí. Y cuando quieras hablar, aquí tendrás siempre un amigo. Y también pongo la mano en el fuego por los demás.
- No, los demás deben quedar al margen. Sé que puedo confiar en ti y necesito que me eches un cable cuando los demás me atosiguen con preguntas. Y por favor, de esto que te he dicho, ni una palabra a mi primo Jesse. No debí decir nada, pero... bueno, es que es muy complicado.
- Mira Clara, no sé lo que te ha pasado o porqué te quieres cerrar. Pero creo que lo tienes muy reprimido cuando te sientas preparada, podrás desahogarte conmigo. Te juro que sólo seré oídos y no diré ni opinaré nada si con eso te sientes más tranquila.
- Muchas gracias Fred, tengo intención de empezar de cero y olvidarme de todo cuanto he dejado atrás.
- Permaneceré como una tumba, te lo juro. Por lo que a mí respecta, esta conversación no ha existido.

Clara sonrió ampliamente, no pudo contenerse y le abrazó musitando "gracias", se dio cuenta de cuánto necesitaba un abrazo e inconscientemente, se aferró aún más a él. Fred correspondió el gesto alargando el momento todo cuanto pudo. Clara levantó la cabeza para volver a darle las gracias, clavaron las miradas. Fred sintió un escalofrío, pese a la oscuridad parcial, podía distinguir sus ojos verdes, intensos y profundos. Ese color, parecía irreal, eran como los de un gato, pero además de intensidad, pudo ver en ellos mucha tristeza y no pudo evitar sentir la necesidad de protegerla. Tragó saliva y se armó de valor para besarla.

Juan permanecía agazapado en la ventana espiando a la pareja con unos prismáticos. Cuando vio que Clara y Fred se abrazaron, dejó escapar una risita contenida. Eso llamó la atención de Ana que fue rápidamente a su lado y le quitó los prismáticos de un tirón para ver qué ha provocado la reacción de su amigo.
- ¡Anaaaaa, que me ahogaaaas "so" burraaaa! - Juan exclamó entre toses mientras intentaba liberarse de la correa que aún tenía alrededor del cuello.
Ana se rió tras hacerle un mohín y reguló las lentes de los prismáticos para ver mejor la escena que captó su atención. 
- Y ahí está al fin, el primer beso - anunció ella tras dirigir los prismáticos hacia donde estaban Fred y Clara.
- ¡Pero qué infantiles sois, a ver si maduramos! - Susana replicó con fastidio, detestaba no ser el centro de atención - Como Fred se entere que lo estáis espiando, vais a ver. Irá a por vosotros hecho una furia.

"Machi", tumbado sobre los cojines del suelo, se entretenía tirando una pelota de tenis al aire, miró un instante a Juan y Ana que se disputaban la posesión de los prismáticos, volvió a fijar la vista al techo y lanzó una carcajada forzada.
- ¿Fred furioso? ¡No me hagas reír Muñeca! Un peluche daría más miedo que él. Es un "rajado" ¡Si ha gastado todo el fin de semana para sacar un simple besito! Siempre será mi Mimosín, yo no hubiese tardado ni cinco minutos.
- Te estás equivocando con Clarita, "Machi" - Ana se sentó a su lado quitándole la pelota en pleno vuelo - Es muy distinta a las chicas que tú encuentras.
- No me ofendas Princesa - "Machi" le guiñó el ojo - Nunca me equivoco, Clarita parece muy necesitada de cariño. Si el Mimosín se lo hubiese currado mejor, ese beso se lo habría dado en el instituto el día que la conoció.
- Fred es más serio a la hora de buscar la media naranja. Y vale, no es tan lanzado como tú pero te repito no es una "pava" más, todos tenemos nuestras exigencias, tú incluido.
- ¿Y qué buscas tú, Princesa? - "Machi" se incorporó y con el dedo índice, le dio un toquecito en la nariz sonriendo con ternura - Eres la soltera de oro ¿no te aburres de repartir calabazas?
- Ya sabes que yo no busco - lanzó una mirada con aire misterioso - Sólo espero que aparezca el apropiado. Cuando le conozca, sus ojos me dirán que le he encontrado.
- Ains Princesa, tú lo que buscas es un príncipe y un cuento de hadas. Pero no te das cuenta que, encerrada en la torre, todos pasan de largo y no los ves. Al final, sucumbirás a lo inevitable, cerrarás el cuento y te quedarás con las ganas.
- Y según tú, listillo, ¿quién podría ser mi rana?

"Machi" comenzó a croar levantando las cejas repetidamente mientras sonrió con malicia. Ana le tapó la cara con un cojín para acallarlo. Juan rió a carcajadas y vitoreó el gesto. Susana se marchó a su habitación bufando molesta, siempre odió y envidió la confianza y el cariño que "Machi" y Ana se tenían. Pero hace mucho que aprendió a sobrellevarlo, en ese terreno, no tenía nada que hacer. Anita es la hermanita pequeña del grupo, la que todos se sentían con la obligación de proteger y cuidar. De todas formas, Susana disponía del lugar que le interesaba porque "Machi" trataba a Ana  del mismo modo que hacen los demás, como un hermano mayor obligado a velar por ella. Pero como "Machi" actuaba con Susana era otra cosa, "Machi" le ofrecía lo único que a ella le interesaba. Y esa situación era recíproca en ambos.


Capítulo Cuarto (1 de 2) Tras la sombra del pasado. Parte primera. La huida.

Fred tiró sus cartas sobre la mesa de mala gana. Con ésta, ya eran tres manos seguidas las que perdía, había cumplido su cupo de derrotas.
- Voy a dar una vuelta, ¿alguien se apunta? - preguntó fijando la vista en Clara.
Ella asintió y se levantó con timidez mientras los demás se lanzaban miradas cómplices y sonrisas confidentes. Susana hizo el ademán de levantarse también pero "Machi" le lanzó una mirada de advertencia, no le hizo falta decir más nada. Ella frunció los labios y se sentó de nuevo. "Machi" sonrió con picardía, enfurecer a Susana era mejor que a cualquier otro, pues la consideraba como un igual. Juan les miró un instante, se avecinaba otro ataque verbal entre estos dos y aprovechó que Clara y Fred ya se habían marchado para desviar la atención.

- ¿Qué os parece la nueva? - preguntó
- A mí me cae genial, puede que un poco inocente pero creo que es por timidez, en cuanto nos conozca mejor, dejará ese aire de pajarillo asustado - contestó Ana - Y además hace muy buena pareja con Fred, se nota que está coladita por él. Espero que no se junte el hambre con las ganas de comer y ambos se lancen al agua antes de que se seque.
- Pero es un poco rara ¿no? A veces está algo ausente - murmuró Juan.
- Mira quién habla de rarezas, pero no es eso, te lo aseguro - añadió "Machi" - Más bien está flipada, cualquier cosa que hagamos, ella se lo toma como el mayor acontecimiento del mundo. Ha estado viviendo en Barcelona y Londres, pero este pequeño viaje se lo ha tomado como si fuese el confín del mundo. Es como si acabara de nacer y está descubriendo un mundo completamente nuevo. No sé pero creo que se calla muchos detalles y los pocos que ha contado, no terminan de cuadrarme.
- ¡No seas paranoico "Machi"! - exclamó Ana - Lo que le ocurre es que es muy soñadora, de eso sé más que nadie. Pero también está bastante cortada. Es verdad que siempre está en Babia, pero ten en cuenta que acaba de mudarse de ciudad y ahora está sola. Para cualquiera, esta nueva experiencia nos dejaría descolocados hasta estar acostumbrados ¿no?
- Pues estoy con "Machi" - añadió Susana mientras repartía las cartas - También pienso que algo esconde o se calla. Esa no es trigo limpio, estoy segura. Cuando habla de sí misma siempre se repite como un lorito y cuando le preguntamos algo más, se pone evasiva y cambia de tema rápidamente. Seguro que está jugando a dos bandas y de eso entiendo más que nadie.
- No te flipes Muñeca - "Machi" chasqueó la lengua - No soy tan retorcido como tú, es rara pero no malintencionada. Hay cosas que no me cuadran pero no veo malicia en ella. Hay algo que no me llega a cuadrar de Clara pero tiempo al tiempo, a mí no se me escapa nada.
- En eso te doy la razón, tienes un don para ver el interior de las personas - respondió Juan sonriente - Pues cuando te cuadren las cosas ya nos contarás.
- Contaré lo que me dé la gana y a quien me dé la gana ¿Cuándo he hablado de alguien sin venir a cuento? - "Machi" se tapó parcialmente la cara con su tanda de cartas y lo miró fijamente - No me van los cotilleos, eso es para vosotros que sois unas viejas alcahuetas.
- Cuando te pones así de borde, te conviertes en le mayor capullo de la historia - Juan respondió haciendo notar su molestia, robó carta sin mirarle a los ojos.
- Chicos, no empecemos que ha sido un día estupendo - Ana les miró seriamente.
- Pero si ha empezado él - protestó Juan.
- Y como siempre, la Princesa lo termina - "Machi" sonrió ampliamente mientras intentó dar un abrazo a su amigo - Venga Juanito, hagamos las paces y dame un besito.

Entre risas y protestas, Juan intentó de zafarse de su amigo mientras éste insistía en darle un beso. Sin querer, pateó la tabla que hacía de mesa y tiró todo lo que había sobre ella ante las protestas de las chicas que comenzaron a recoger las cartas mientras se reían de las niñerías de esos dos.

Clara y Fred caminaron en silencio hasta llegar a un enorme nogal el cual, tenía una plataforma de madera con una escala de cuerdas y un columpio hecho con un neumático colgado de una gruesa rama. Fred la invitó que se sentase junto a él sobre un tronco hueco a los pies del árbol.
- Éste siempre ha sido mi lugar favorito - comentó con tono melancólico - Este tronco fue un barco, un submarino, un avión y el árbol, un fuerte y miles de cosas más. Aunque hace siglos que no jugamos, me encanta venir aquí el último día de vacaciones y revivir en mi cabeza aquellos años. Los mejores de mi niñez, los viví con mis abuelos y mis amigos.
- Es genial tener amigos como vosotros. Estáis todos muy unidos y aunque cada cual es más diferente al otro, tenéis una empatía envidiable.

Clara miró al horizonte, aunque estaban en penumbra, el cielo aún tenía los colores cálidos del atardecer veraniego. Pensó en su infancia, pero en esos recuerdos no había juegos ni diversiones, inconscientemente frunció los labios.
- ¿Echas de menos tu antigua casa o a tus amigos? - Fred interpretó su expresión como añoranza.
- No, no es eso.
- Te veo un poco alicaída, ¿qué te ocurre? [...]


jueves, 7 de julio de 2016

Capítulo Tercero (3 de 3) Tras la sombra del pasado. Parte primera. La huida.

[...] - ¿Entonces veraneáis todos juntos aquí y desde siempre? - preguntó Clara con curiosidad.
Ana asintió encogiéndose de hombros y comenzó a señalarlos uno a uno.
- Más o menos. A ver, Fred y yo sí que nos conocemos desde siempre. Sus padres y los míos son amigos desde que tenían nuestra edad. Así que sus abuelos son como si fuesen los míos. Cuando nos hicimos muy amigos de Juan, "Machi" y Susana, empezamos a veranear todos los años. A medida que fuimos creciendo, pasamos de estar el verano completo a pasar fines de semanas sueltos y como recuerdo por los viejos tiempos decidimos venir aquí la primera y la última semana del verano, pase lo que pase. Aunque este año es el segundo que nuestros padres nos dejan ir solos. A mí me encantaría que hiciéramos como mis padres y los de Fred, mudarnos los unos junto a los otros.
- Princesa, sólo tienes que pedírmelo y me instalo en tu habitación en cuanto regresemos a Sevilla - "Machi" la abrazó con cariño y le dio un toquecito en la nariz.
- Muy bien, por mí de acuerdo. En cuanto mi padre te dé el visto bueno.
- Joer Princesa - "Machi" se tumbó en la hierba apoyando la cabeza sobre las piernas de Susana - Pide algo más fácil, como por ejemplo, que apague el Sol soplando o seque el mar usando una esponja.

Clara los observó uno a uno, realmente envidiaba esa amistad, aunque la habían acogido muy bien desde el principio y deseaba estar tan unida e integrada al grupo como lo están ellos. Dudó si estarían tan bien con ella como en ese momento si se enterasen de quién es ella en realidad o mucho peor, sepan cómo es Jesse y lo que hizo en un tiempo no muy lejano. Siquiera ella sabe con exactitud qué hacía, pero la ligera idea que tenía sirvió para estremecerse al pensarlo.

"Machi" la observó con aire distraído mientras se dejaba acariciar el pelo por Susana. Se oyó una campana que provenía de la casa. Se incorporó de un salto y sonrió a Clara trasmitiéndole tranquilidad al ver que se tensó al sentirse observada.
- ¡Hora de comer! Ahora sabrás lo que es una buena comilona, es lo mejor de visitar a los abuelos.
"Machi" bajó la linde con las manos en los bolsillos mientras silbaba distraídamente . Tenía esa costumbre para disimular que estaba pensando en algo que le preocupaba, a excepción de Susana, nadie sabía de esa manía. Había algo en Clara que le intrigaba, era demasiado inocente, como si hubiese nacido ayer y aunque lo controla muy bien parece tener miedo del mundo como si estuviese en constante peligro y tiene todos los sentidos en alerta.

Como hacía una temperatura agradable, la abuela dispuso la mesa en el merendero de piedra y madera que estaba en la parte trasera de la casa. Clara miró la pérgola detenidamente, estaba cubierta con una parra de la cual colgaba caprichosamente algunos racimos de uvas que aún no estaban maduros. 
El viaje y el paseo habían abierto el apetito de los chicos y rindieron cuenta del festín que la abuela les ofrecía, como Fred le dijo, todos los productos eran autóctonos de la finca. Ensalada de hortalizas, tomates maduros aliñados con ajo y aceite de oliva, jamón curado, queso, carne mechada, pan recién horneado y para beber, limonada y gazpacho bien frío. 
Nadie dijo nada durante la comida, tenían demasiada hambre como para entretenerse en conversar. Clara aceptaba pequeñas cantidades de todo cuanto Fred le ofrecía, estaba encantada, nunca había probado alimentos tan sabrosos. 
"Machi" se bebió un vaso de gazpacho de un sólo trago y tras un par de golpecitos con el puño cerrado en el pecho, soltó un largo y sonoro eructo que provocó la risa de todos. La abuela salió rápidamente de la cocina e inmediatamente le propinó un sonoro pescozón.
- Si comes como un cerdo, dormirás en la pocilga - le amenazó.
- ¡Pero abuelaaaa! - protestó "Machi" mientras se frotaba la nuca - ¿Cómo sabes que he sido yo? No es justo, ni has preguntado.
- Porque siempre eres tú - contestó la abuela reprimiendo una sonrisa.

Todos rieron aún más y él asimiló su derrota. Ana comentó a Clara entre susurros, que "Machi" siempre se llevaba como mínimo, un pescozón diario de los abuelos. Pero no sólo ellos le regañaban, el propio padre de Ana, también terminaba dándole algún que otro coscorrón. Y es que "Machi" era único para sacar a cualquiera de sus casillas, sólo le bastaba saber qué te molesta para no dejarte en paz. Ese era su mayor entretenimiento.

Después de un delicioso postre a base de macedonia de frutas del tiempo, café con leche y bizcocho casero, subieron a dormir una siesta.
Aunque Fred tiene una habitación propia en la segunda planta, nunca la utiliza cuando están sus amigos. Subieron directamente a la tercera planta, donde había tres dormitorios, un baño completo y todo alrededor de una amplia sala central que los chicos usaban como zona recreativa. Originalmente, fue la buhardilla-trastero de la casa, pero el abuelo lo habilitó para que los chavales tuviesen un espacio propio y así no molestarían correteando o armando jaleo por la casa. Y ellos disfrutaban de ese espacio como un auténtico oasis donde podían vivir una independencia parcial.

Clara hizo una inspección rápida, no podía evitar evitar memorizar hasta el último rincón de cada sitio nuevo que conocía. No había sillas, en su lugar había enormes cojines por el suelo alrededor de una mesa hecha con cajas de madera y un gran tablón. También vio una estantería llena de juegos de mesa y un mueble con juegos de mesa, un televisor y un equipo de música algo anticuados. Todo el conjunto era más que suficiente para que los chavales estuviesen entretenidos durante horas, incluso días sin necesidad de salir de la estancia. Cosa que sólo ocurría los días de lluvia.

Ana cogió la mano de Clara para enseñarle la habitación de las chicas y así pueda acomodar sus cosas. La habitación era mucho más grande de lo que imaginó, las cuatro camas dispuestas por parejas unas frente a otras, una mesilla de noche entre ambas, un ropero aparentemente antiguo con una puerta gruesa y espejo. Esperó que Susana y Ana dispusieran de las cama para poder elegir una de las sobrantes.
Hablaron sobre banalidades mientras deshacían el equipaje. Susana se sentó sobre un arcón de madera bajo la ventana, la abrió y se encendió un cigarrillo exhalando el humo hacia el exterior. Miró a Clara con algo de recelo y sonriendo con malicia.
- A ti te gusta Fred ¿verdad? - preguntó sin tapujos - Se te nota a leguas.
Clara sintió que se ruborizaba y bajó la mirada intentando encontrar una respuesta adecuada pero sincera. Ana acudió en su ayuda y chasqueó la lengua.
- Susana, no empieces con tus intrigas, que acabamos de llegar. Déjales que ya se decidirán. ¿No ves que están los dos muy cortados? Tus juegos no son para el grupo, ¿vale?
Susana quiso replicar pero oyó que "Machi" la llamó. Se marchó de la habitación sin mirar a nadie.

- ¿Se ha enfadado? - Clara se quedó preocupada.
- ¡Qué va! Susana es muy particular. Puede parecer que tiene mala leche y bueno, para ser honestos a la verdad, es que sí que tiene muy mala leche - Ana negó con la cabeza y rió con soltura - Pero no es mala con los amigos, sólo que se divierte así, buscando las cosquillas y exasperando al personal pero ya te acostumbrarás. Ya te lo dije, ella y "Machi" son tal para cual y, a ése es al que menos tienes que tomar en serio porque como te encuentre un punto débil, estarás perdida y si no me crees, no te pierdas detalle en cómo habla a Fred. Se aprovecha que es un "cacho" de pan y no le deja en paz ni un segundo. Tranquila, si veo que alguno se pasa de la raya, les pararé los pies hasta que cojas la confianza suficiente para hacerlo tú misma.

Clara agradeció la advertencia, Ana continuó hablando de la infancia de todos ellos, Clara evitó hablar de sí misma y dio respuestas cortas cambiando rápidamente de temo o preguntó algo más de sus nuevos amigos con la excusa de querer conocerles a fondo.

Estaba siendo un fin de semana inolvidable para Clara, poco a poco comenzó a sobrellevar la forma de ser de "Machi", a no tomar en serio la indiferencia y el sarcasmo de Susana, a entender la manía de Juan con comparar todo con alguna película o serie anime, frases incluidas. Además, Ana y ella casi se habían hecho íntimas amigas, es con la que más cómoda se encontraba y con Fred, cada vez se sentía más unida a él.
Se sintió totalmente integrada al grupo, era una sensación extraña. Nunca había tenido amigos, lo tenía prohibido. Pero estar con ellos y notar que la consideran como una más y lo rápido que se había adaptado a la nueva situación, le hizo sentir que los conocía de antes, como si los hubiese reencontrado después de mucho tiempo separados. Ellos no lo sabían, pero entre todos consiguieron que ella se sintiese normal, que sí podría pertenecer a este mundo tan distinto al suyo.


Capítulo Tercero (2 de 3) Tras la sombra del pasado. Parte primera. La huida.

[...] - ¿De qué os reís? - quiso saber, sentía curiosidad sobre lo que Ana le podría estar contando.
- Estaba poniendo al día a Clara - contestó Ana aún entre risas - Ahora hablaba de nuestros apodos.
- Ana, ¿no me digas que le has contado a Clara "eso" que me prometiste que no le ibas a contar? - espetó bastante fastidiado - ¡Cómo eres! Sabes que me da mucha vergüenza.
- Pues no chaval, te has colado sólo hablaba del origen del apodo de "Machi" - Ana sonrió con malicia - Pero te has delatado tú solito y ahora tendrás que cantar como un pajarito. De todas formas, acabará por enterarse...

Fred pidió a Ana que guardase silencio mientras Clara los interrogaba con la mirada y bastante intrigada. Ana se encogió de hombros, juntó los dedos pulgar e índice a modo de pinza y los deslizó por los labios como si cerrase una cremallera. Pero eso fue superior para "Machi", que estaba escuchando la conversación. 
Se levantó de su asiento y se arrodilló en el pasillo del autobús junto a Clara ignorando las súplicas de Fred e incrementando la curiosidad de la chica.
- ¿No te parece que Fred es un nombre un poco peculiar? - le preguntó con aire de misterio.
- La verdad es que no - respondió Clara - Mi primo también tiene un nombre extranjero, se llama Jesse.
- Pero Fred no es su verdadero nombre y esa es una carga que él siempre llevará con la losa de la vergüenza sobre su espalda durante toda su vida - "Machi" gesticulaba como si de un dramaturgo se tratase - Verás, el verdadero nombre de Fred es...
- Joder "Machi" - Fred sintió que se le calentaban las orejas.
- No seas tan melodramático Mimosin. Mírala, la estamos preocupando.
"Machi" pasó el brazo sobre los hombros de Clara, carraspeó un poco y guardó unos segundos de silencio para crear más expectación, cosa que los demás aprovecharon para arremolinarse alrededor y así acompañarle al unísono.
- ¡¡¡Godofreeedooo!!! - canturrearon.

Todos estallaron a carcajadas mientras Fred se derrumbó en su asiento con derrota. Clara se giró y le lanzó un guiño, él le devolvió el gesto acompañado con una sonrisa.
Tras una severa advertencia del conductor, todos volvieron a sus asientos. Continuaron riendo y bromeando pero un poco más calmados para no molestar al resto de viajeros.

Al fin llegaron a Aracena. La casa de los abuelos de Fred distaba unos tres kilómetros del pueblo, se podía llegar rápidamente en coche, pero los chicos siempre preferían ir a pie a través del monte por un camino de senderismo. Después de estar más de una hora sentados en el autobús, a todos les apetecía caminar.

Clara observaba encantada el entorno, siempre pensó que el paisaje andaluz era más bien árido, seco y amarillento. Las únicas fotografías que conocía del campo, era las que vio en su libro de texto enumerando los numerosos cultivos de la región, en su mayoría de secano. Pero mucho distaba la Sierra de lo que ella pensaba, ahí era todo verde. Caminaron protegidos bajo las sombras de castaños, nogales y alcornoques, además de tener el suelo sembrado de mimosas, siemprevivas, romeros o menta poleo. Las fragancias se mezclaban entre sí y Clara los inhalaba encantada. Nunca había estado en contacto directo con la naturaleza y se sentía pletórica.

Ella y Fred se quedaron un poco rezagados del grupo y otro silencio incómodo amenazaba con aparecer, pero esta vez, decidió ser ella la que iniciaría una conversación.
- ¿Así que... Godofredo? - preguntó con aire burlón.
- Sí así es, ese es mi nombre y así me llamo. Al igual que mi padre, mi abuelo, mi bisabuelo, mi tatatabuelo y podría seguir hasta llegar al primer puñetero Godofredo de la historia - suspiró con fingido pesar - Por eso prefiero que me llamen Fred. ¿Qué te parece?
- Pues... es bastante feo - Clara sonrió con ternura - Es normal que no te guste.
- Vaya, agradezco tu sinceridad. Pero también hubiese aceptado una mentira piadosa.
- Lo siento - respondió Clara sin poder dejar de sonreir.
- No te preocupes, estoy más que acostumbrado. Pero conmigo se terminará la maldición de este nombre. ¡Por mi madre que a mi hijo no le llamaré así!
Clara comenzó a reír de nuevo mientras Fred fingió ofenderse enfurruñando el gesto. Miró delante de ellos y señaló hacia más allá del codo del camino.
- Mira, ya se puede ver la casa de mis abuelos.

Clara miró hacia donde él señalaba, Vio un cerro rodeado por un muro de piedra y en la loma, una gran casa de tres plantas rematada en piedra y madera, rodeada de matas de romero cuidadosamente podadas. estaba situada en el centro de un vasto terreno, rodeada de cultivos de trigo, cebada y un pequeño huerto junto al lindero de la vivienda. También había animales agrupados en tres cercados en los que pastaban tranquilamente, vacas, toros y ovejas. Fred explicó a Clara que sus abuelos se ganaban la vida con el cereal y el ganado. Pero el huerto y los árboles frutales, la pequeña parcela con vides, las gallinas y un par de cerdos, era lo que llenaba la despensa para abastecerse todo el año, el excedente, se vendía en el mercado o lo usaban a modo de trueque para herramientas o material de construcción para el mantenimiento de las cercas y la finca en general. Clara estaba cada vez más maravillada. Aún no conocía a los abuelos y ya envidiaba su forma de vida tan autónoma.

Una mujer mayor, les saludaba desde el porche de la casa agitando enérgicamente el brazo y sonriendo ampliamente. Clara supuso que se trataba de la abuela de Fred. Todos respondieron con el mismo entusiasmo, no era alegría simulada, la abrazaron y  besaron con mucho cariño. Se notaba que la querían y mucho, como si fuese la abuela de todos.
Tal y como Fred había dicho, su abuela estaba encantada con la nueva invitada. La abrazó y besó como una más. Clara se sintió un poco incómoda, no estaba acostumbrada a recibir abrazos y cariños y mucho menos de ningún adulto, más bien todo lo contrario. La abuela miró a Clara con una tierna sonrisa, interpretó el turbamiento de la muchacha como simple timidez.
- ¡Pero qué ojos tan impresionantes tienes, nunca he visto unos tan verdes e intensos!
Clara agradeció el comentario entre murmullos, se sentía bastante incómoda, nunca supo cómo hablar a un adulto, siempre lo tuvo prohibido. En Barcelona, si había en casa alguien ajeno a la familia o la cúpula de la Organización, ella debía permanecer encerrada en su habitación para no ser vista por nadie. En un par de ocasiones ocurrió que llegó a casa cuando el padre de Jesse estaba reunido y las consecuencias fueron nefastas. Hugo se encargaba después de culparla de provocar una situación violenta en el sentido más literal de la palabra y por eso, desde muy pequeña aprendió a ser invisible al mundo.

Ana intervino rápidamente para socorrerla, se notaba que Clara se sentía bastante incómoda con la abuela y le propuso dar una vuelta para enseñarle la finca. Ella aceptó y los demás se unieron al paseo.
Caminaron hasta el cercado de las ovejas. Los chicos se sentaron en la tabla superior jugando a mantener el equilibrio. Clara observó ensimismada a los animales, hasta ese momento, no los había visto de ese modo, sólo en fotografías y televisión. Sin evitarlo, fantaseó sobre cómo sería vivir en un sitio así. Podría ser muy bonito, pero también sabía que era demasiado urbana para tanto sosiego, tarde o temprano acabaría por cansarse.
- Qué bonitas son - murmuró - Parecen tan tranquilas y apacibles.
- No creas que son tan buenas - Fred se bajó de la cerca de un salto para ponerse a su lado, señaló a las ovejas con la cabeza -Un bicho de esos fue el causante de mi primera escayola. Me rompí el radio y el cúbito, un verano entero a tomar viento.

Clara le interrogó con la mirada con aire confuso, él sonrió satisfecho por provocar la impresión que deseaba. Continuó hablando sin apartar la vista de los animales.
- Pues verás, tendría unos seis o siete años más o menos. Mi abuelo nos prohibió montar a caballo solos porque, lógicamente éramos demasiado pequeños. Así que a "Machi" se le ocurrió que podríamos montar sobre las ovejas y eso hicimos, pero no duramos ni tres segundos sobre ellas. Parecen muy dóciles pero nos dieron un buen repaso.
- Supongo que después de aquello, se os quitarían las ganas de hacer trastadas - dijo Clara entre risas.
- ¿Bromeas? - Ana intervino y señaló a los chicos - No hubo un verano que éstos no trajeran de recuerdo alguna escayola, brecha, moratones o heridas. Además claro está, de una buena tunda por parte de los abuelos.

Ana comenzó a contar varias anécdotas donde los chicos salieron muy mal parados por sus travesuras. Clara reía encantada al imaginar las escenas descritas, aunque a la tercera anécdota se percató que todas tenían un denominador común y era que "Machi" era el celebro de todas las ocurrencias y que Fred y Juan simplemente se dejaban guiar por él.  [...]


miércoles, 6 de julio de 2016

Capítulo Tercero (1 de 3) Tras la sombra del pasado. Parte primera. La huida.

Clara salió de casa apresurada, desde su jardín pudo ver a lo lejos a sus nuevos amigos y sintió un gran alivio al comprobar que llegó a tiempo. Jamás se hubiese perdonado perder ese viaje después de que los nervios prácticamente la habían dejado en vela casi toda la noche. Y allí estaban todos, ademas de una chica morena a la que aún no conocía.
Fred la saludó a distancia con entusiasmo mal disimulado y corrió a su encuentro, le cogió de la mano y la condujo hacia los demás mientras señalaba a la chica que ella aún no conocía.
- ¡Me alegro que hayas podido convencer a tu primo!
- Si te soy sincera, aún no sé cómo lo he hecho - ella habló un poco turbada pro cómo Fred la había recibido. Le gustó que se mostrase tan contento como ella, pero no sabía cómo interpretarlo exactamente - Tengo que recordarlo para más ocasiones porque te aseguro que es una auténtica novedad.
- Ven Clara, te voy a presentar a Ana, es mi mejor amiga - Fred le soltó la mano para señalar a su amiga porque notó un poco de tensión en Clara y no quería incomodarla, ya le quedó claro que era bastante tímida - Tengo muchas ganas de que la conozcas y ella también quiere conocerte.

La nueva amiga miró a Clara detenidamente con una amplia sonrisa mientras camino alrededor de ella con las manos enlazadas tras de sí y sonriendo con picardía. Clara se sintió algo incómoda al sentirse inspeccionada de ese modo. Finalmente Ana guiñó y sonrió con soltura.
- ¿Así que tú eres la culpable de qe Fred me estuviese enganchada al móvil hasta las tantas? No sabes lo pesado que se puso - Ana miró a Fred que la fulminó con la mirada pero ella continuó hablando e ignoró a su amigo deliberadamente - Pues si que es guapa y tenías razón Fred, tiene unos ojos espectaculares, es una pasada ¿Son lentillas?
- No que va, son míos, mi primo tiene exactamente los mismos ojos que yo - Clara contestó bastante cortada, no estaba acostumbrada a los halagos.
- Pues son alucinantes - insistió Ana mirándola más detenidamente.
- Viene de familia, por parte materna... - Clara enmudeció repentinamente, había dado un dato que, aunque irrelevante, no estaba en las pautas de su primo.
- No es por nada, pero deberíamos dejar la charla para el autobús y ponernos en marcha porque nos va a pillar el toro - "Machi" se percató del gesto de Clara, entrecerró los ojos y observó su cara de alivio cuando él intervino para cambiar de tema - ¿Nos vamos ya?

Como iban con el tiempo justo, se repartieron en dos taxis. Cada vez que los vehículos coincidían en un semáforo o se adelantaban uno al otro, todos se hacían chanzas y burlas.  Juan vociferaba frases de películas alentando al taxista para que adelantase al compañero. "Machi" les disparaba con una pistola de agua, cosa que provocó el enfado del otro taxista. Pero el entusiasmo de los chicos era tan grande, que al final, ambos vehículos participaron en la broma y procuraban siempre detenerse uno junto al otro para que los chavales continuasen con sus gracias. Clara reía y participaba en las bromas como una más y se le saltaron las lágrimas de tanto reír. Se alegró que Jesse le diese permiso, jamás en su vida se sintió tan liberada, el viaje prometía.

Faltaban sólo diez minutos para la hora de salida, cuando ambos taxis pararon frente a la escalinata principal de la estación de autobuses Plaza de Armas, situada junto al río Guadalquivir. Mientras Juan sacaba los billetes, los demás se dirigieron al andén para meter los equipajes en el maletero del autobús. Clara supo que se dirigían a Huelva, concretamente a La Sierra de Aracena.

Subieron al autobús desordenadamente y Clara buscó a Fred, el asiento de al lado estaba vacío. Dudó si sentarse o no con él, le encantaba su compañía, pero a la vez se sentía muy cortada y tampoco quería parecer una fresca. Su vacilación fue aprovechada por Susana, que se sentó junto a él mientras lanzaba una sonrisa triunfal. Ana se puso en pie para dejarse ver, estaba justo delante de ellos.
- Clara, siéntate conmigo, así podremos charlar - exclamó gesticulando con ambas manos - Los demás tienen ventaja de un día y tengo que recuperar el tiempo.
Clara accedió encantada, Ana le estaba cayendo bien por momentos. Juan miró a las parejas de viaje y resopló con resignación al ver el único asiento que quedaba disponible.
- ¡No me lo puedo creer! Otra vez me toca "Machi" de compañero, me tenéis manía.
- Estás hiriendo mis sentimientos Friki - contestó el aludido con fingido pesar - Que nos echaran una vez del autobús, no implica que lo vayan a hacer siempre.
- Que yo sepa, fueron cuatro veces - contestó Juan siguiéndole el juego.

"Machi" miró a clara que parecía no comprender, ella dudaba sobre la veracidad de la discusión y la autenticidad de los escuchado. "Machi" se acercó a ella cogiendo su mano.
- Ya lo estás viendo Clarita, soy un incomprendido - balbuceó fingiendo que lloriqueaba - Nadie me quiere.
Todos rieron y se apresuraron en sentarse correctamente en sus asientos puesto que el autobús comenzó a ponerse en marcha. El conductor ya les conocía y les dio un aviso.

Durante el trayecto, Ana puso al corriente a Clara sobre el grupo, con cotilleos incluidos. Así supo que aquel año, Juan no estaría con ellos en el instituto, sus padres se habían divorciado y en pocos días se trasladaría a Córdoba con su madre y su hermana pequeña. Se alegró saber que Córdoba no distaba mucho de Sevilla y se podrían ver con frecuencia porque se sentía muy a gusto con todos. Ana también le habló de Susana, al igual que ella y Fred, es hija única. Su padre, abogado y su madre, visitadora médica; compensaban su falta de tiempo e interés por ella concediéndole todo tipo de caprichos. Es por eso su forma de ser, cree que puede conseguir todo cuanto se proponga y por desgracia siempre es así.
Clara se giró para observarla de reojo. Susana era bastante guapa y tenía cuerpo de modelo, además, su cabello negro y rizado hace destacar aún más sus ojos azul turquesa. No pudo evitar pensar, que a pesar de lo que había visto, hacía muy buena pareja con "Machi", parecían tal para cual, tanto físicamente como en carácter.

- ¿Por qué "Machi", es decir, por qué tiene ese apodo? - Clara tenía mucha curiosidad sobre ese detalle.
- ¡Uf!, eso viene de hace unos cuantos años. "Machi" tiene la mánía de ponerle apodos a todo el mundo, ya te tocará porque nadie se salva - Ana sonrió con malicia - Fui yo quien le puso ese apodo. Al principio, él pensaba que se le llamaba así como sinónimo de "macho". Y le encantaba, hasta que un año despúes se enteró que su apodo en realidad deriva de "match"
- ¿"Match", cerilla en inglés? - preguntó Clara confundida.
- Sí hija sí. Es que el pobre de pequeño, era muy delgado y tenía un cabezón impresionante y es eso lo que parecía - Ana asintió entre carcajadas - Y llamarle chupachups era demasiado evidente. El caso es que cuando se enteró de la verdad, se puso como las motos. Pero un año con ese apodo ya era imposible de quitarlo. Estamos acostumbrados y él también. Así que... "Machi for ever".
Ambas rompieron a reír a carcajadas. Al escucharlas, Fred se incorporó apoyando ambos brazos sobre los asientos de las chicas [...]


domingo, 5 de junio de 2016

Ultraje (Parte final)

Se había hecho de noche y no había luna, tenían que irse de allí. La ayudó a levantarse pero las fuerzas le fallaron y cayó sentada. Él la cogió en brazos sin dejarle de hablar en ningún momento. Le contó anécdotas de ambos, recuerdos cuando eran más pequeños rememorando algunas travesuras. Ella sonrió débilmente con la cabeza apoyada sobre el hombro de su amigo.
A medida que se acercaban al lugar donde estaban acampados, ella volvió a llorar de nuevo. Comenzó a sentir vergüenza y culpabilidad por lo ocurrido, no quería que nadie se enterase de lo que le habían hecho. Le hizo prometer a su amigo que jamás hablaría de ello con nadie, con absolutamente nadie... él se lo juró.

Los demás estaban alrededor de la hoguera cenando y bromeando entre ellos. Cuando les vieron llegar, no les extrañó que apareciesen de ese modo. Imaginaron que sería parte de alguna de sus bromas o que al fin esos dos amigos inseparables hayan dado un paso más. Cosa que todos apostaron que finalmente ocurriría. Así que no se acercaron pero intercambiaron miradas divertidas y confidentes cuando él entró con ella en la tienda de campaña y cerró la cremallera sin decirles nada ni mirarles en ningún momento.
- Yo sabia que al final se liarían - dijo uno - ¿No os lo dije cuando se marchó para buscarla?
- Seguro que lo tenían planeado. Han tardado mucho, seguro que mañana se hacen los locos y disimulan - respondió otro - Creo que esos dos se han enrollado más de una vez.
Los demás rieron y se sumaron a la chanza. Unos diciendo la buena pareja que hacían y otros diciendo que ya era hora y eso tenía que ocurrir tarde o temprano.

Dentro de la tienda de campaña, él la recostó con sumo cuidado prestando atención a la conversación exterior. Les odió al oírles reír despreocupadamente, quiso callarles a puñetazos. Pero se contuvo, le hizo un juramento y será mejor que los demás piensen que están juntos. Se recostó a su lado susurrándole infinidad de promesas hasta que ella se quedó sumida en un inquieto sueño que fue velado por él toda la noche.

Antes del amanecer, él decidió marcharse con ella. Aprovechó que todos dormían para poder irse sin sen vistos y así no tener que dar explicaciones porque el estado anímico de ella y sus lesiones, le obligaría a dar unas explicaciones que juró que callaría.
Sabía que cuando los vuelvan a ver no les preguntarían por haberse marchado de aquel modo. En más de una ocasión, ellos dos habían dejado plantados a sus amigos para ir a su aire y tras escuchar la conversación que mantuvieron sus amigos la noche anterior, estaba convencido que eso es lo que creerían.

Cogieron el primer tren de la mañana y tal como él esperaba, comprobó con alivio que estaba prácticamente desierto y pudieron sentarse en un vagón sólo para ellos.
No podía llevarla a su casa, la acampada estaba planeada para dos semanas y no podía regresar sin faltar a su juramento de guardar silencio. Toda ella suscitaba a hacer preguntas que no podría responder. Ella necesitaba ahora mismo calma y sosiego, daría la vida por volver a ver ese brillo especial en sus ojos, esa eterna sonrisa en sus labios. Era su mejor amiga, la quería como si fuese su hermana y verla en ese estado anímico era más de lo que podía soportar.
- ¿Por qué me han hecho esto? - preguntó ella con un hilo de voz - ¿Por qué a mí?
- No te atormentes, no volverán a acercarse a ti, te lo juro.
- Yo lo provoqué
- ¿Cómo?
- Me dijeron que yo los provoqué. Que mi forma de mirarles en el instituto les invitó a hacerlo.
- No, no vuelvas a pensar en eso - él la abrazó y apretó los dientes con rabia - Esa es su excusa y aunque fuese así, no tenían ningún derecho a hacer lo que hicieron. No significa no.
Ella se acurrucó junto a él y ocultando la cara en su pecho, comenzó a llorar en silencio. Él le acarició el brazo con suavidad y miró por la ventanilla. La alborada despuntó, a él le pareció irónico que fuera hubiese un paisaje tan sosegado y apacible y en cambio dentro de aquel vagón parecía que el mundo se había acabado.
Ver el amanecer le dio una idea, no había nada que a ella no le gustase más que ver una puesta de Sol. Así que ya supo dónde podrían ir, al apartamento de sus padres en la playa. Él tenía las llaves consigo y no serán molestados por nada ni nadie.

Pasaron tres días y ella continuaba sumida en una profunda tristeza. Él la obligó a comer aún sabiendo que vomitaría todo cuanto había ingerido, pero no desistió en su empeño. Por la noche, cuando las  pesadillas la atormentaban, él la despertaba para asegurarle que estaba a salvo y después le leía en voz alta porque su voz la serenaba y volvía a dormirse.

Por la mañana daban largos paseos en silencio y por las tardes se quedaban sentados en la orilla para ver la puesta de sol mientras las olas acariciaban sus pies.
Ella permaneció mirando al sol anaranjado mientras que él la observaba impotente buscando desesperadamente en la mirada de su amiga, aquel brillo que siempre desprendía pero sólo veía jirones de lo que fue.
- ¿Cómo me encontraste? - preguntó con voz apagada.
- Siempre terminas por perderte - respondió con una punzada en el estómago al recordarla bajo aquellos desgraciados - Te estuve buscando hasta que escuché que... que...
- Tardaste demasiado.
- Ojalá lo hubiese sabido, ojalá no te hubiese dejado sola.
- Tardaste demasiado - repitió ella, apoyó la cabeza sobre las rodillas y comenzó a llorar en silencio.

Él asintió con resignación apretando los labios. Esto se había convertido en una parte más de esa dolorosa rutina. Sabía que no le culpaba directamente, que sólo se estaba desahogando y su mente distorsionada buscaba miles de resoluciones distintas para aquel día fatídico.
Permanecieron en silencio mirando el océano hasta que se hizo noche cerrada.

Al quinto día él consiguió que se tomase un baño en el océano y ella no había vomitado el desayuno. Parecía una mejora significativa y él se sintió más aliviado.
- Voy un momento a la tienda para comprar algo para comer.
- Vale.
- ¿Qué te apetece?
- Quiero desaparecer.
- Por favor, no hables así. Me haces daño, quiero ayudarte pero no puedo hacer nada si no pones de tu parte.
- Lo siento.
- Espérame aquí y no te muevas, no tardaré.
- Tranquilo, siempre terminas encontrándome.
Él se alejó echando la vista atrás de vez en cuando. Cuando vio que ella se recostó en la tumbona con la vista fija en el océano, apresuró el paso para ir al supermercado y tardar lo menos posible.

Cuando ella se encontró sola, los recuerdos volvieron a aparecer en su cabeza. Sus voces resonaban en su interior "ahora me toca a mí", "¿Te gusta?", "Esta zorra tiene para los dos"
Un hombre pasó cerca, la miró un instante y sonrió levemente. Ella sintió pánico, buscó con la mirada a sus amigos pero su turbación hizo que viese miles de ojos lascivos fijos en ella.
El pánico se apoderó de ella y salió corriendo para refugiarse en el apartamento.

Cuando él regresó a la playa, comprobó asustado que ella no estaba allí. Sintió una punzada en el estómago al recordar sus palabras. "Tardaste demasiado", "quiero desaparecer", "Siempre terminas encontrándome"... Tuvo un mal presentimiento y preso del pánico emprendió una vertiginosa carrera hacia el apartamento.
La puerta de entrada estaba entre abierta y con la llave puesta desde fuera. Entró llamándola a gritos pero no obtuvo respuesta. La única puerta cerrada era la del baño quiso abrirla pero estaba atrancada.
- No, no... por favor no... - musitó llorando de impotencia mientras intentaba abrir la puerta.
Sin pensarlo, cogió impulso y derribó la puerta de una patada.
Sus temores se vieron confirmados y la sangre se le heló al comprobar que sus temores no eran infundados.

La encontró de pie frente al espejo. Ella se giró sobresaltada ante la violenta intromisión. Gruesas gotas de sangre brotaban de su mano izquierda y en la derecha una hoja de afeitar.
El miedo de perderla para siempre se adueñó de su albedrío y la abofeteó en la mejilla. Se arrepintió nada más hacerlo pero su mano fue más rápida que sus pensamientos. Ella calló al suelo de rodillas e intentó recuperar la hoja de afeitar que había soltado a causa del bofetón inesperado.
Ambos forcejearon una intentando terminar lo que había empezado y él impidiéndoselo.
- ¡Déjame! - gritó ella - ¡Quiero morir!, ¡déjame morir!
- Estúpida, eres una estúpida egoísta.
- No, no puedo. No puedo, es el único modo.
- No me dejes, no sabría qué hacer sin ti.
- Me quiero morir.
- Entonces habrían ganado ellos.
Ella remitió el forcejeo y él, tras comprobar que a pesar de brotar sangre con abundancia, sólo era una herida superficial, no llegó a la vena.
- Tenías razón, siempre llego a tiempo - musitó.
- No has llegado tarde - sollozó ella abrazándole sumida en un llanto lastimero.
Ambos permanecieron llorando abrazados. Ella se odió a sí misma por lo que estuvo a punto de hacer. Él agradeció a todo lo que se le ocurrió porque estuvo a punto de perderla por segunda vez. Pero ahí estaba ella y ahí estaría siempre él. Siempre se asegurará que ella no volviese a sufrir de nuevo y se lo juró hasta casi quedarse sin voz.

Después de ese día, ella comenzó a cambiar poco a poco. Fue un avance lento y sutil, pero un avance a fin de cuentas. El miedo a salir sola a la calle, a sobresaltarse cuando al girar una esquina veía a alguien, a llorar en todo momento, todo eso fue desapareciendo.
Exteriormente, volvía a ser ella e interiormente, comenzó a zurcir los jirones de su alma con hilos de nuevas ilusiones. Volvió a salir de nuevo, a reír con sus amigos. Aprendió a apreciar la vida que ella mismo estuvo a punto de sesgar. "Ganarían ellos", esa frase que su amigo le dijo, fue la impulsó a seguir sin mirar atrás, por mucho que los fantasmas del pasado, quisieran acosarla. Ella aprendió también a ignorarlos.

Pasaron los años, las heridas del corazón cicatrizaron. Aunque ella quedó marcada con terrores nocturnos que de de vez en cuando, brotaban sin razón. Aprendió a vivir con ello, a llevar las riendas de su vida. Reía aún cuando lloraba por dentro y esperando el momento que todo se evapore por completo de su mente.

Ese día puede ser mañana, puede ser hoy...