domingo, 25 de septiembre de 2011

Al son de nuestra pasión (Erótico)


XVIII
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Soy tuya, eres mío, somos uno...
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Perlado todo mi cuerpo brilla,
brotando el cáliz de la pasión.
Vientos jadeantes brotan,
de lo profundo del corazón.
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Soy tuya, eres mío, somos uno...
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Baile unísono y rítmico,
acompasado con furor.
Música en mis oídos
son tus susurros amor.
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Soy tuya, eres mío, somos uno...
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Cabalgando con brío,
cual corceles salvajes.
Recorremos siluetas,
marcando paisajes.
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Soy tuya, eres mío, somos uno...
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Desplomados cuerpos inertes,
vencidos tras ardua batalla.
Pupilas fijas en pupilas,
mudo hablar complaciente.
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Soy tuya, eres mío, somos uno...
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Tuyo y mío suena el corazón,
sin saber cual es cual.
Ambos laten fuertemente,
al son de nuestra pasión.
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Soy tuya, eres mío, somos uno...

sábado, 17 de septiembre de 2011

Fénix


Las paredes que lindan mi existencia comienzan a rasgar la armadura de mi tesón, siento que se estrechan día a día. Cada vez soy más consciente que no tengo escapatoria y pronto sucumbiré ante el desidio de mi voluntad. Me sentía libre para volar y así lo hacía, así lo creía. Pero era una falsa libertad, pues desplegaba mis alas a mi antojo, sí, pero nunca me escapé de mi jaula de cristal. Me conformaba con revolotear en mi prisión y admirar el horizonte, sin llegar nunca a desear conocer su finito.
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El aire se ha vuelto espeso, me cuesta respirar. Un hedor putrefacto impregna mi espacio vital. Todo lo que toco se desintegra con un macabro siseo, transformándose en cenizas y polvo.
Contemplo impotente la destrucción de mis anhelos, la desintegración de mi espíritu. Las cadenas que me aprisionan provocan llagas sangrantes y me obligan a sucumbir al cruel destino que me espera.
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De mis ojos opacos supuran lágrimas de hiel que abrasan mis pupilas, la ceguedad se apodera de mí y me alivia, prefiero no observar por más tiempo lo que ocurre a mi alrededor. El verde y sosegado paisaje que antes contemplaba, se tornó en una ciénaga pestilente de lodo corrosivo que hacía arder mis ojos.
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Repto entre barro y cenizas, notando que, a cada movimiento las pocas fuerzas que aún quedan en mí, se desvanecen como el último haz de luz del ocaso.
Extasiada, sucumbida y derrotada, me desplomo esperando el final, deseando que llegue, convencida que así, podré descansar al fin. Intento cerrar los ojos, pero siquiera me quedan fuerzas para ello. Me concentro en el sonido de mi corazón, su latido se va relantizando por momentos. Mi cuerpo se petrifica, mi corazón comienza a colapsarse por el herrumbre de la derrota, siento que el fin está cerca. Pronto sucumbiré a mi sino...
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Mi mente, con voluntad propia, se revela. Abre la Caja de Pandora en el cual guardaba todos mis sueños. Los recuerdos bombardean mi mente, calentando mi interior. Muevo un dedo, un gesto casi imperceptible, pero lo muevo. Entonces, ocurre el milagro...
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En el lugar más recóndito de mi alma, una exigua llama, comienza avivar mi razón. Todo mi ego, mi razón, mi ser... todo, comienza a calentarse poco a poco. La desidia ante la derrota había destruido todo de mí, excepto la esperanza reencarnada en esa llama que, poco a poco, va recuperando su fuerza vital. Avivando mi espíritu, recordando quién fui, quién soy aún.
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Empieza la metamorfosis. Mi pétrea figura comienza a desentumecerse, a medida que voy adquiriendo movilidad, mi fortaleza va en aumento. Con cada movimiento voy renovando energía, va aunmentando la fuerza de mi interior. Con gestos lentos pero seguros, consigo ponerme en pie. Siento que flaqueo, pero la llama se agita vivaz y me sostengo con firmeza. Mi corazón sale de su letargo impregnando todo mi ser de vitalidad y seguridad. Lágrimas de ilusión brotan en mis ojos, los torna brillantes y vivaces, la salina de su néctar limpia la agonía, purifica mi interior. Comienzo a caminar.
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Bajo mis pies nacen pequeños brotes verdes, florecen con rapidez expandiendose y devorando con furia el paisaje desolador. Siento que la llama de la esperanza es cada vez más fuerte, se desprende de mi alma elevándose hacia el cielo con una luz tan cegadora como el Sol. Su luz impregna el árido lugar, transformando cada rincón. El aire se vuelve puro, la luz invade más allá donde alcanza la vista, los muros que se alzaron se agrietan y caen con aplomo. Mi jaula de cristal estalla en mil pedazos.
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Al fin soy libre de mis miedos, alzo los brazos hacia el cielo, dejo que la esperanza impregne en mí todo el valor perdido, siento que me fortalezco. Extiendo mis alas con energía renovada, ahora sí, siento que puedo hacerlo, debo hacerlo. Las agito con timidez, poco a poco, me desprendo de mis cadenas y vuelo, sí, vuelo vigorósamente hacia mi horizonte, hacia mi verdadero sino. Impulsada por esa fuerza inquebrantable que jamás me abandonó... La esperanza.
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Sylvia Ellston.
Obra registrada. Código: 1111250598922
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lunes, 5 de septiembre de 2011

El camino


Me siento aletargada, camino sin rumbo sobre un sendero yermo. Figuras grises, de formas etéreas y miradas opacas se cruzan ante mí, no me ven, eso me alivia y asusta a la vez. Inexplicablemente me siento sola, treméndamente sola.
¿Dónde estoy, cómo he llegado aquí?, aunque las preguntas las realizo desde el fondo de mi ser, resuena hasta en el más recóndito rincón de este lúgubre paraje alejándose a cada resueno del eco.
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El camino se ramifica, infinidad de sendas rocosas se hallan ante mí. Tomo una sin pensar, sé que ése es mi camino, lo sé. En cuanto inicio la ruta, una calma absoluta se apodera de mí. El temor, la duda... todo se ha desvanecido. Comienzo a comprender qué ocurre y eso me sosiega. Lo que ha de venir, vendrá.
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El sendero es estrecho, arduo camino del sino que me resulta familiar. Siento que ya estuve aquí, sé que recorrí no esta ruta, otra parecida pero unificada a las anteriores que ya realizé. Ignoro el número de veces que así lo hice, pero es un giro más al círculo de mi destino marcado. Sólo siento un pequeño pesar, pues compruebo que no es el último giro, aún falta para llegar al final del camino.
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La linde del camino está salpicado por pequeñas cavidades cubiertas de aguas cristalinas en un lado y turbias en otro. Con desasosiego, compruebo que casi se igualan en número. En esos pequeños charcos están reflejados los retazos de mi existencia mortal. Todas mis acciones, todos mis pensamientos y a los actos posteriores que conllevaron están representados ante mí, en la gran balanza del Karma que ante mi se halla.
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Una etapa de mí culminó, a medida que avanzo los recuerdos de la vida que abandono comienzan a disiparse. "Ya no soy una taza de té", evoqué este pensamiento, la conté infinidad de veces, era una forma sencilla de explicar a los infantes y nuevos creyentes sobre el estigma de la reencarnación:
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"Nuestro cuerpo es como una taza de té, cuando su tiempo en esta vida se extingue, se rompe. El té de su interior es nuestra alma. Al romperse la taza, el té se diluye en la tierra, es evaporada hasta los cielos convertida en lluvia, esta lluvia cae sobre los ríos. El agua de los ríos llega a las casas y se prepara té en tazas nuevas, en lugares distintos. Cuanto más solidifiquemos nuestro interior, enriquezcamos nuestra alma con sabiduria y bondad... Más esencia del té anterior, podrá ubicarse en la nueva taza y menos recorrido quedará para llegar al Nirvana".
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No, ya no soy una taza de té, soy el líquido desparramado, mezclado entre las aguas de la lluvia, esperando caer en una nueva taza. Miro con un ápice de tristeza los charcos que representan mi vida ya inexistente. Los recuerdos, las personas que conocí, los que me hicieron llorar, los que me hicieron reir... Pronto, muy pronto los olvidaré, es el sino. Pero me consuela saber, que, mientras alguien me recuerde, mientras alguien sepa que una vez existí, nunca me desvaneceré del todo, habitaré en sus corazones, susurraré en sus sueños....
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Continúo caminando, una densa bruma oculta el sendero, no veo mis pies. A medida que avanzo, la bruma sube poco a poco, sumergiéndome en ella a medida que avanzo. Puedo ver el final del camino, que no es otro que, el comienzo de uno nuevo. La luz, la inmensa luz que me transportará a mi nueva vida, con caminos ya marcados. "Todo lo que ha de pasar pasará, árduo es el camino de la vida y todo tiene un porqué y una razón. Sólo cuando llegamos a la meta entendemos el motivo, por eso debemos aceptar las cosas tal y como vienen pues así ha de ser".
Una calidez reconfortante me rodea cuando atravieso la luz, siento que mi mente, mis recuerdos, se deshacen en jirones, cierro los ojos mientras susurro con un ligero tono de ruego....
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"Ya no soy una taza, ya no soy una taza.... Quiero ser té, no quiero ser agua, quiero ser té".

Obra registrada. Código: 1111250598892