lunes, 18 de noviembre de 2013

Jaque mate. (Suspense)

Una densa nube de tabaco estaba suspendida en la estancia en penumbra, pronto oscurecerá y podrá salir... una vez más. Aleksandr fijó la vista en el tablero que estaba frente a él, se reclinó para coger una de las monedas que tenía sobre los escaques y la miró con detenimiento. ¿Catorce años ya?, se preguntó mientras esbozaba una fría sonrisa. entrecerró los ojos mientras los recuerdos le transportaban más allá de su cuchitril...

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Un relámpago rompió en la oscuridad de la noche rasgando el cielo y dibujó el contorno de la ciudad. Aleksandr levantó la mirada al cielo cuando el  trueno retumbó en sus oídos, hizo un amago de sonrisa. Era una señal, lo presentía.
Tiró el cigarrillo al suelo y se centró en ver cómo se consumía, sentía que sus pulmones ardían, había fumado demasiado y aún así, se encendió un quinto cigarrillo. El débil haz que provocó la llama acentuó aún más si cabía sus dura faz picada ligeramente por la viruela.
Un corredor pasó junto a él, cruzaron las miradas un instante y éste continuó su camino sin prestarle más atención. Aleksandr chasqueó la lengua, estaba harto, harto de ser invisible, de sentirse insignificante, de tener la sensación de no haber hecho nada destacable o admirable en su vida.
Su aspecto no le ayudaba, su mirada perdida le daba apariencia de retrasado, al menos es lo que estaba seguro que decían sobre él. Pero se acabó, todo esto desaparecerá porque ahora tiene un plan y cuando lo lleven a cabo, todos sabrán quién es Aleksandr Pichuskin y no solo en Rusia, en el mundo entero.

- ¿Cuál es tu magnífica propuesta? - Vladimir le interrumpió de sus pensamientos, era compañero de clase y de las pocas personas que se molestaba en hablarle - Hace un tiempo de perros ¿qué hacemos en el bosque a estas horas?
- Vamos a ser famosos - respondió sin disimular su entusiasmo - Hablarán de nosotros incluso después de muertos.
- ¿De qué estás hablando? - Vladimir arqueó las cejas y luchó por no soltar una carcajada - ¿Famoso tú?
- Sí, vamos a superar a Andrei Chikatilo - murmuró tras dar un largo sorbo a su botella de vodka - Seremos mejor que él, borraremos del mapa a vagabundos y prostitutas, tú y yo limpiaremos la ciudad de...
- ¿Estás loco o borracho? - Vladimir retrocedió un paso tanto por el impacto que le provocó oír aquello como los vapores de alcohol que su compañero despedía y le mareó ligeramente - ¡No quiero saber nada de esto, todos tenían razón, eres un pirado!.

Aleksandr vio como su compañero le daba la espalda. Había estado elaborando un intrincado plan, estaba todo pensado e incluso quiso compartir fama con él, y ahora este cretino tira por tierra todas su ilusiones, incluso se ha reído de él. La mente se le nubló, Vladimir ha elegido ser el primero...
Caminó en dirección contraria que la de él y en el primer codo del camino, se escondió entre la maleza para perseguirle con sigilo. 
Vladimir escuchó las hojas y ramas crujir a su espalda, se giró por instinto y vio fugazmente unos ojos fríos y carentes de brillo que, inyectados en sangre le traspasó. Un dolor agudo en la sien hizo que todo se volviese negro y en estado semi inconsciente, notó cómo era arrastrado mientras una voz hueca y lejana, le lanzaba toda clase de insultos.

Aleksandr arrastró a su compañero apartándole del sendero. Miró nervioso en todas direcciones intentando pensar qué hacer. Pero no había nadie por ahí y el único sonido que rompía el silencio era su propia respiración agitada. Vio una alcantarilla destapada y con alivio, se dirigió allí.
Vladimir estaba demasiado aturdido para percatarse de lo que estaba pasando, solo cuando su cuerpo cayó al vacío para sumergirse en el agua fría de la alcantarilla, se espabiló por completo. Intentó aferrarse a las paredes de piedra con desesperación, no llegaba al fondo y no sabía nadar. Aleksandr se acuclilló en el borde para observarle mejor. Cuanta más desesperación y angustia demostraba tener su compañero, más poderoso se sentía él. Disfrutó, disfrutó cómo Vladimir pedía ayuda, cómo se sometía a él, cómo las uñas ensangrentadas quedaban clavadas en la piedra... Tras varios minutos de angustia para uno y disfrute del otro, Vladimir se sumergió por última vez y lanzó su último soplo de vida a modo de una única burbuja que brotó en la superficie.

Pasaron tres meses cuando la policía encontró el cuerpo de Vladimir, no hallaron ninguna pista y finalmente cerraron el caso declarándolo un accidente. Aleksandr se sintió más confiado, había saboreado el placer de quitar la vida con sus propias manos y ahora, necesitaba sentirlo nuevamente, esa sensación de poder se había arraigado en su albedrío como una droga.

Invitó a un indigente a vodka para ganarse su confianza y con engaños, le llevó a lo alto de un edificio donde le arrojó al vacío. Sonrió con amplitud al oír cómo el cráneo de aquel desgraciado reventaba contra el pavimento, pero se sintió algo decepcionado, no sintió tanta satisfacción como pensó, necesitaba más, necesitaba usar las manos, mirar la angustia de su víctima clavados en su retina...

Varios días después, volvió a sentir que necesitaba buscar más víctimas. Antes de salir de casa, rebuscó en la caja de herramientas y la mirada se le iluminó al ver un pesado martillo de hierro. Cuando levantó la herramienta para observarla detenidamente, sintió que era una extensión más de su cuerpo.

Estaba tomando su tercera copa cuando una chica poco agraciada le dedicó una sonrisa, él devolvió el gesto levantando su copa e instándole a que le acompañe. Tras una hora de conversaciones banales y hacerle creer a la chica que estaba interesado por ella, la convenció para dar una vuelta por el parque y buscar algo más de intimidad. 
Se detuvieron bajo un puente y ella le besó con impaciencia. Aleksandr se dejó llevar durante un rato, pero la falta de pudor de aquella zorra, le provocó asco. Tras comprobar por el rabillo del ojo que no había nadie más y agudizar el oído a cualquier sonido ajeno a ellos, con disimulo se llevó la mano a la espalda y agarró el mango del martillo que tenía oculta tras su cazadora. 
Ella se desplomó en el suelo sin emitir sonido alguno al recibir el primer golpe, Aleksandr se arrodilló sobre ella sentándose en su vientre y comenzó a asestarle un golpe tras otro. Por cada martillazo que daba, más incrementaba su éxtasis e su violenta conducta iba en aumento hasta liberar la bestia que llevaba dentro y cuando la sangre de su víctima le salpicó la cara le provocó un clímax sexual.
Se alejó de ella silbando alegremente mientras su silueta se difuminaba hasta desparecer en la brumosa noche sin luna...

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Catorce años han pasado y aún no ha podido saciar su sed de sangre. Volvió a dejar la pieza en el tablero y observó con orgullo y satisfacción su trofeo. Un tablero, una moneda en cada escaque, una por víctima... sesenta y una monedas, tres más y habrá cumplido su objetivo. Una sensación de vacío le invadió, cuando no queden más casilleros... ¿qué hará entonces?

Unos violentos golpes en la puerta le arrancaron bruscamente de sus pensamientos. ¡Policía, abra la puerta! gritaron desde el otro lado. Aleksandr se puso en pie con suma tranquilidad mientras mantenía la mirada fija en su tablero. Ha superado a Chikatilo, su mentor, su fuente de inspiración.
Los agentes derribaron la puerta y le redujeron para esposarle.
- Habéis salvado la vida de muchas personas al atraparme, nunca me hubiese detenido - Contestó con tranquilidad cuando uno de los agentes le preguntó si tenía algo que declarar - Ahora lo sé, porque para mí, una vida sin homicidios es como para ustedes, una vida sin alimentos.


Nota de la autora: Aleksandr Pichuskin es un asesino en serie ruso, conocido como "el asesino del ajedrez", quería que sus asesinatos igualaran al número de casillas de un tablero de ajedrez, es decir 64.
Quería batir el récord del asesino en serie más célebre de Rusia, Andrei Chikatilo, condenado a muerte y ejecutado en 1994 por el asesinato de 53 adolescentes y niños en el sur del país.
El 24 de octubre de 2007 fue declarado culpable de 48 asesinatos y tres tentativas de asesinato por un tribunal ruso. La pena máxima en Rusia es la cadena perpetua, después de que la pena de muerte, que no ha sido abolida, está suspendida hasta el 2010.
Desde su detención, Aleksandr solo declaró tres frases:
-No maté 49, maté 61
-Una vida sin homicidios para mí es como una vida sin alimentos para ustedes
-Salvaron la vida de muchas personas al atraparme, nunca me hubiera detenido